San Nicolás de Bari

Obispo

Obispo de Mira en Licia, patrono de los niños y de los navegantes

San Nicolás fue obispo de Mira, en Licia, en la costa sur de la actual Turquía, y vivió en el siglo IV. En Occidente se le llama también Nicolás de Bari, porque allí reposan sus reliquias desde 1087. Es uno de los santos más venerados de Oriente y de Occidente. La Iglesia lo recuerda el 6 de diciembre.

La historia ha conservado muy poco sobre él. Lo único cierto, en realidad, es que en el siglo IV fue pastor de la Iglesia de Mira, la actual Demre. Los relatos de su vida se pusieron por escrito mucho después de su muerte, y con ellos se mezclaron noticias sobre otro Nicolás, abad del monasterio de Sion, cerca de Mira, que vivió dos siglos más tarde. Casi todo lo que se cuenta de él es, pues, tradición.

Según la tradición, nació en Patara, ciudad portuaria de Licia, en una familia cristiana acomodada. Perdió pronto a sus padres y destinó la fortuna heredada a ayudar a los pobres y a los enfermos. Los relatos dicen que, siendo ya obispo, fue encarcelado durante la persecución del emperador Diocleciano y que, tras su liberación, participó en el Concilio de Nicea del año 325. Sin embargo, su nombre no figura en las antiguas listas de los participantes en el concilio.

El relato más conocido habla de un padre empobrecido que no tenía con qué casar a sus tres hijas. Nicolás habría arrojado en su casa, de noche y en secreto, tres veces, el dinero para la dote. Otros relatos dicen que salvó a tres inocentes condenados a muerte, que por su oración se calmó una tempestad en el mar y que devolvió la vida a tres jóvenes asesinados. De estos relatos nació la veneración hacia él como protector de los niños, de los navegantes y de quienes se hallan en necesidad.

Murió en Mira y allí fue sepultado. No conocemos el año de su muerte; se dan fechas diversas, casi siempre entre 335 y 352. Los ritos bizantino y copto señalan el 6 de diciembre como día de su muerte y sepultura. Su tumba se convirtió pronto en meta de peregrinaciones, y en el siglo VI el emperador Justiniano levantó en su honor una iglesia en Constantinopla. En 1087 unos marineros de Bari llevaron las reliquias de Mira a su ciudad. Dos años después el papa Urbano II las depositó bajo el altar de la cripta de la nueva basílica, donde reposan hasta hoy.

Nicolás es venerado como santo desde la Antigüedad, sin una canonización formal. En Occidente su memoria se difundió a partir del siglo X. Juan Pablo II, al celebrar la Santa Misa en Bari en 1984, dijo que la historia ha fijado pocos hechos de la vida del santo, pero que su testimonio de Dios, fuente de todo bien, ha permanecido en la memoria de la Iglesia. Tres años después lo llamó signo de reconciliación entre Oriente y Occidente. En 2018 el papa Francisco, junto con los jefes de las Iglesias de Oriente Medio, veneró en Bari sus reliquias y oró por la paz. De la costumbre de hacer regalos a los niños en la víspera de su memoria nació la figura conocida hoy como Santa Claus o Papá Noel, que trae los regalos.