San Máximo el Confesor

Monje · † 662

Abad, teólogo, defensor de la fe en las dos voluntades de Cristo

San Máximo el Confesor fue monje y abad, uno de los grandes Padres de la Iglesia de Oriente. Defendió la verdad de que Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, tiene también una verdadera voluntad humana, y lo pagó con la mutilación y el destierro. La Iglesia lo recuerda el 13 de agosto, día de su muerte.

Los relatos sobre su juventud difieren. Según la Vida griega, nació hacia el año 580 en Constantinopla en una familia ilustre, recibió una esmerada formación y fue primer secretario del emperador Heraclio, antes de dejar la corte y hacerse monje en Crisópolis, al otro lado del Bósforo. Benedicto XVI, en cambio, afirmó en una catequesis de 2008 que Máximo nació en Palestina y conoció la vida monástica ya de niño. El Martirologio Romano lo llama abad del monasterio de Crisópolis.

A causa de las invasiones, Máximo se refugió en el norte de África. Allí se distinguió por su valentía en la defensa de la fe frente al monotelismo, la doctrina, apoyada por los emperadores, según la cual Cristo tiene una sola voluntad, la divina. Máximo enseñaba que un hombre sin voluntad no sería un verdadero hombre, y señalaba la oración de Jesús en Getsemaní: «no se haga mi voluntad, sino la tuya». En 645, en Cartago, en una disputa pública, convenció a Pirro, antiguo patriarca de Constantinopla, que durante un tiempo se retractó de sus errores.

Después se dirigió a Roma. En 649 tomó parte activa en el sínodo de Letrán convocado por el papa san Martín I. El sínodo profesó que Cristo tiene dos voluntades, divina y humana. El emperador Constante II respondió con la fuerza: el papa fue encarcelado y pronto también Máximo fue arrestado y llevado a Constantinopla. Acusado de alta traición, tras el primer proceso fue desterrado a Tracia.

En 662, con más de ochenta años, fue juzgado de nuevo junto con dos discípulos, ambos llamados Anastasio. No renegó de su fe y fue condenado como hereje: le cortaron la lengua y la mano derecha. Fue desterrado a Lázica, en la Cólquide, a orillas del mar Negro. Allí murió el 13 de agosto de 662 en la fortaleza de Schemar, junto al río Hippis, agotado por los sufrimientos.

Dejó varias decenas de obras, entre ellas la Mistagogia, que explica el simbolismo de la liturgia, los Ambigua sobre pasajes difíciles de san Gregorio Nacianceno, los Capítulos sobre la caridad y el relato de la disputa con Pirro. Benedicto XVI recordaba su enseñanza de que la verdadera libertad no es la oposición a Dios, sino el «sí» dicho a su voluntad, a ejemplo de Cristo. La tradición cristiana le dio el título de Confesor por la valentía con que dio testimonio de la integridad de la fe en Cristo.

La verdad de las dos voluntades de Cristo, que él había defendido, fue definida por el III Concilio de Constantinopla en 681. Máximo es venerado como santo en Oriente y en Occidente, sin una canonización formal, que en su tiempo todavía no existía.