
San Matías Apóstol
Apóstol
Apóstol, elegido en lugar de Judas, testigo de la resurrección
San Matías fue un discípulo de Jesús que, después de la Ascensión del Señor, fue elegido para formar parte de los Doce en lugar de Judas Iscariote. Todo lo que se sabe de él con certeza lo transmiten los Hechos de los Apóstoles. La Iglesia celebra su fiesta el 14 de mayo.
Su nombre procede de un nombre hebreo que significa «don de Dios». No conocemos su origen ni el año de su nacimiento. Según los Hechos de los Apóstoles, acompañó a Jesús durante todo su ministerio público, desde el bautismo de Juan hasta la Ascensión. El historiador de la Iglesia Eusebio de Cesarea lo contaba entre los discípulos que Jesús envió delante de sí, como relata el Evangelio según san Lucas.
En los días que siguieron a la Ascensión, los discípulos, unas ciento veinte personas, se reunieron en Jerusalén. Pedro recordó que Judas, que había entregado a Jesús, había perdido su puesto entre los apóstoles. Pidió que lo ocupara uno de los hombres que habían estado con ellos todo aquel tiempo, para que se convirtiera con ellos en testigo de la resurrección. Se presentaron dos: José, llamado Barsabás, de sobrenombre Justo, y Matías. Los reunidos oraron pidiendo al Señor, que conoce los corazones de todos, que mostrara a cuál de los dos había elegido. Después echaron suertes; la suerte cayó sobre Matías, que fue agregado a los once apóstoles.
Con él quedó restablecido el número completo de los Doce, signo del nuevo Israel, sobre los que descendió el Espíritu Santo el día de Pentecostés. El nombre de Matías figura en el Canon Romano, es decir, la primera plegaria eucarística. En su catequesis del 18 de octubre de 2006, Benedicto XVI observó que no sabemos nada más de él, salvo que fue testigo de la vida terrena de Jesús y le permaneció fiel hasta el final. El Papa vio en su llamada al lugar del traidor casi una compensación por la traición de Judas. De ello sacó la enseñanza de que cada uno de nosotros ha de responder al mal causado por cristianos infieles con un testimonio límpido de Cristo.
Los relatos posteriores sobre su misión y su muerte son imprecisos y se contradicen entre sí. Según uno, predicó el Evangelio primero en Judea y después en «Etiopía», es decir, según se cree, en la Cólquide, a orillas del mar Negro, y fue crucificado. Otro dice que fue lapidado en Jerusalén y después decapitado. Algunos suponen que murió de muerte natural. No se sabe cuándo ni dónde terminó su vida.
Matías es venerado como santo desde la Antigüedad, sin una canonización formal. Sus reliquias se veneran en Tréveris, en la iglesia de la abadía de San Matías. Según la leyenda, la emperatriz Elena las hizo llevar allí por medio de Agricio, obispo de Tréveris.
En Roma su fiesta se celebraba desde hacía mucho tiempo el 24 de febrero. Con la reforma del calendario de 1969 se trasladó al 14 de mayo, para que no cayera en Cuaresma sino en el tiempo pascual, cerca de la solemnidad de la Ascensión, tras la cual Matías fue elegido. En los países de lengua alemana se conservó la antigua fecha del 24 de febrero.