
San León Magno
Papa · † 461
Papa y doctor de la Iglesia, maestro de la fe en la Encarnación, defensor de Roma
San León Magno fue papa del 440 al 461 y es doctor de la Iglesia. Guio a la Iglesia en un tiempo en que el imperio de Occidente se debilitaba bajo la presión de las invasiones, y su enseñanza sobre Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, fue acogida por el Concilio de Calcedonia. La Iglesia lo recuerda el 10 de noviembre.
Era originario de la Toscana, la antigua Etruria, y pasó su juventud en Roma, a la que llamaba su patria. Nació hacia finales del siglo IV; no se conoce el año exacto. Hacia el 430 era diácono de la Iglesia de Roma. En el 440, a petición de la corte imperial, viajó a la Galia para reconciliar a dos altos dignatarios enfrentados. Allí le llegó la noticia de que el papa Sixto III había muerto y de que León había sido elegido para sucederle. De regreso en Roma, recibió la ordenación episcopal el 29 de septiembre del 440.
Es el primer papa cuya predicación al pueblo ha llegado hasta nosotros: se conservan casi cien de sus sermones, así como unas ciento cincuenta cartas. En ellos explicaba los misterios de la fe celebrados en la liturgia y enseñaba que no son solo recuerdo del pasado, sino que actúan en la vida de los creyentes. En un sermón de Navidad exclamaba: «Cristiano, reconoce tu dignidad». En una Roma probada por el hambre y la llegada de refugiados, alentaba las obras de caridad y unía el ayuno a la limosna.
Cuando en Oriente el monje Eutiques comenzó a negar la verdadera humanidad del Hijo de Dios, León expuso la fe de la Iglesia en una carta a Flaviano, obispo de Constantinopla, conocida como Tomo a Flaviano. En el 451 fue leída en el concilio de Calcedonia, presidido por los legados del papa. Los obispos acogieron la carta con la aclamación: «Pedro ha hablado por la boca de León». El concilio profesó que en la única persona de Cristo dos naturalezas, la divina y la humana, están unidas sin confusión y sin separación.
En el 452 los hunos, al mando de Atila, devastaron el nordeste de Italia. El papa partió con una delegación romana, se reunió con Atila cerca de Mantua y lo persuadió de interrumpir la invasión. En la primavera del 455 no logró detener a los vándalos de Genserico, que saquearon durante dos semanas una Roma indefensa. Sin embargo, salió con su clero al encuentro del invasor y obtuvo al menos esto: la ciudad no fue incendiada y las basílicas donde se había refugiado parte de los habitantes fueron respetadas.
Murió en Roma en noviembre del 461, después de más de veintiún años de pontificado. Como día de su muerte se indica habitualmente el 10 de noviembre; el Martirologio Romano recuerda ese día la deposición de su cuerpo junto al sepulcro de san Pedro. Hoy las reliquias de León descansan en uno de los altares de la Basílica Vaticana.
León es venerado como santo desde la Antigüedad, sin canonización formal, y el título de «Magno» se lo dio la tradición. En 1754 el papa Benedicto XIV lo proclamó doctor de la Iglesia. Fue el primer obispo de Roma que llevó el nombre de León; después de él lo han tomado trece papas, el último León XIV en 2025.