San Ladislao de Hungría

Realeza · † 1095

Rey de Hungría, legislador, fundador de la diócesis de Zagreb

San Ladislao de Hungría fue rey de Hungría a finales del siglo XI, legislador y defensor de su país. El Martirologio Romano dice de él que restableció en su reino las leyes cristianas promulgadas por san Esteban, corrigió las costumbres y dio él mismo ejemplo de virtud. La Iglesia lo recuerda el 30 de junio.

Nació en Polonia, donde su padre Béla, más tarde rey de Hungría con el nombre de Béla I, vivía en el exilio. La madre de Ladislao era una princesa polaca de la dinastía de los Piast. No se conoce el año exacto de su nacimiento, y las fuentes dan fechas distintas. Junto con su hermano mayor Géza defendió Hungría de los pechenegos y los cumanos, que irrumpían en el país desde el este. Los hermanos sostuvieron también una larga disputa por el trono con su primo, el rey Salomón, hijo de Andrés I.

Cuando Géza, que reinó como Géza I, murió en 1077, los nobles dejaron de lado a Salomón y eligieron rey a Ladislao. Como soberano unió un gobierno firme al cuidado de la Iglesia. En la asamblea de Szabolcs de 1092, que tuvo carácter de sínodo, se aprobaron normas para ordenar la vida eclesiástica y civil. El rey se esforzó también por desarraigar los restos de costumbres paganas que sobrevivían en el país.

En 1083, durante el pontificado de san Gregorio VII, Ladislao logró que fueran proclamados santos el rey Esteban, su hijo Emerico y el obispo mártir Gerardo, que había sido preceptor del joven Emerico. San Juan Pablo II recordó este acontecimiento en 1983, cuando los húngaros celebraban el noveno centenario de la canonización de sus primeros santos. Dijo entonces que su patria debía a estas figuras la predicación del Evangelio y la consolidación de la unidad nacional en la concordia y la paz.

En 1091, a petición de su hermana Elena, reina viuda de Croacia, entró en aquel país y lo unió a la corona húngara. Según el Martirologio, difundió allí con celo la fe cristiana e instituyó la sede episcopal de Zagreb. Estableció también una sede episcopal en Várad, la actual Oradea, en Rumanía.

Las fuentes lo vinculan con los preparativos de la primera cruzada, pero no llegó a ver su partida. Murió el 29 de julio de 1095 en Nitra, durante una guerra contra Bohemia. Su cuerpo fue depositado más tarde en Várad. La tumba del rey se convirtió en lugar de peregrinación, y las fuentes hablan de milagros ocurridos allí.

En 1192, durante el pontificado del papa Celestino III, Ladislao fue inscrito en el catálogo de los santos. Los húngaros conservaron su memoria como rey caballero, héroe de leyendas y cantos. San Juan Pablo II, al visitar en 1996 la catedral de Győr, encomendó a los fieles a la intercesión del santo rey Ladislao, junto con la Virgen María y todos los santos húngaros.