
San Juan José de la Cruz
Sacerdote · 1654-1734
Presbítero, franciscano, provincial de los alcantarinos, confesor en Nápoles
San Juan José de la Cruz fue sacerdote de la Orden de los Hermanos Menores, franciscano de la rama austera reformada por san Pedro de Alcántara. Formó novicios, construyó un convento y un eremitorio, gobernó una provincia y en Nápoles se hizo conocido como confesor y protector de los pobres. El Martirologio Romano lo recuerda el 5 de marzo, día de su muerte.
Nació el 15 de agosto de 1654 en la isla de Isquia, en el golfo de Nápoles, con el nombre de Carlo Gaetano Calosirto, hijo de una familia acomodada y muy religiosa. Estudió con los agustinos de su isla natal.
En 1670, cuando aún no había cumplido dieciséis años, ingresó en Nápoles en el convento de Santa Lucia al Monte, perteneciente a los franciscanos descalzos, llamados alcantarinos. Tomó el nombre de Juan José de la Cruz y un año después hizo la profesión. En 1674 fue enviado con un grupo de frailes a Piedimonte d'Alife, donde junto al santuario de Santa Maria Occorrevole se levantaba un nuevo convento; él mismo trabajó en su construcción. En 1677 recibió la ordenación sacerdotal, aunque, según sus biógrafos, se había resistido a ella. En el bosque cercano dispuso un pequeño eremitorio, llamado la Soledad (La Solitudine), al que todavía hoy acuden peregrinos.
Durante muchos años fue alternativamente maestro de novicios en Nápoles y guardián en Piedimonte. A comienzos del siglo XVIII, una disputa entre los alcantarinos españoles y los italianos llevó a su separación, y el convento de Santa Lucia al Monte correspondió a los españoles. En 1703 los frailes italianos lo eligieron su primer provincial. Durante sus tres años de gobierno restableció la fidelidad a la regla y ordenó los estudios. A las acusaciones injustas y a las calumnias respondía con el silencio. Solía decir: «Todo lo que Dios permite, lo permite para nuestro bien». En 1722 las dos ramas volvieron a unirse y él regresó a su convento de origen.
Se consideraba ante todo sacerdote. El arzobispo de Nápoles, el cardenal Francesco Pignatelli, le confió el cuidado espiritual de los monasterios femeninos, y le pidieron consejo san Alfonso María de Ligorio y san Francisco de Jerónimo. Él mismo buscaba a los pobres y a los enfermos en las viviendas más miserables de la ciudad. Andaba descalzo y durante toda su vida llevó un solo hábito, tan remendado que lo apodaron «el fraile de los cien parches». Sus contemporáneos le atribuían éxtasis, el don de profecía y curaciones.
Desde la infancia tuvo una ferviente devoción a la Madre de Dios y la recomendaba a sus penitentes. Murió el 5 de marzo de 1734 en Nápoles, en su octogésimo año de vida, en el mismo convento en el que había ingresado de muchacho. Al fraile que lo velaba le dijo al final: «Te encomiendo a la Virgen». Fue sepultado en la iglesia del convento.
Pío VI lo beatificó en 1789, y Gregorio XVI lo canonizó el 26 de mayo de 1839 en la Basílica Vaticana. Ese mismo día fueron proclamados santos también Alfonso María de Ligorio y Francisco de Jerónimo. Su isla natal de Isquia venera a Juan José como copatrono junto a santa Restituta.