San Juan I

Papa · † 526

Papa y mártir, primer papa en Constantinopla, murió en prisión

San Juan I fue papa de 523 a 526. Teodorico, rey arriano de los ostrogodos que gobernaba entonces Italia, lo envió en embajada ante el emperador en Constantinopla y, a su regreso, lo hizo encarcelar en Rávena, donde el papa murió. La Iglesia lo venera como mártir y lo recuerda el 18 de mayo, día de su muerte.

Era originario de la Toscana e hijo de Constancio. No se conoce el año de su nacimiento. Se convirtió en obispo de Roma el 13 de agosto de 523, como sucesor del papa Hormisdas. Sobre su gobierno de la Iglesia en Roma se han conservado muy pocas noticias. Casi todo lo que sabemos de él se refiere a su viaje a Constantinopla, que fue la causa de su muerte.

Teodorico era seguidor del arrianismo, una doctrina que rechazaba la verdad de que el Hijo de Dios es igual al Padre. En 523 el emperador Justino I promulgó un severo edicto contra los arrianos de Oriente, que les ordenaba, entre otras cosas, entregar a los católicos las iglesias que ocupaban. El rey lo consideró un golpe contra sus correligionarios. Miraba además con desconfianza el acercamiento entre Roma y Constantinopla, en el que veía una amenaza para su dominio sobre Italia.

Teodorico obligó al papa a encabezar una embajada que debía inducir al emperador a suavizar esas medidas. Juan I fue el primer papa que llegó a Constantinopla. Allí fue recibido con grandes honores y en Pascua ofreció en aquella Iglesia el sacrificio pascual, el primero de los obispos de Roma en hacerlo. Obtuvo cierta mitigación de las medidas contra los arrianos, pero no todo lo que el rey exigía.

Teodorico quedó descontento con el resultado de la embajada y sospechó injustamente que el papa se había entendido con el emperador. En esos mismos años, por orden suya, fueron ejecutados el filósofo Boecio y su suegro, el senador Símaco. Cuando Juan I regresó a Italia, el rey lo hizo encerrar en la cárcel de Rávena. Agotado por el viaje, el hambre y las penalidades de la prisión, el papa murió allí el 18 de mayo de 526. Su cuerpo fue llevado a Roma y sepultado en la basílica de San Pedro.

Juan I vivió antes de que existieran en la Iglesia los procesos de canonización, y desde hace mucho tiempo es venerado como mártir. El Martirologio Romano dice de él que murió en la cárcel como víctima por Cristo Señor. Su memoria, que se celebra el 18 de mayo, figura en el Calendario Romano General como memoria libre.