San Juan Crisóstomo

Obispo · † 407

Obispo de Constantinopla y doctor de la Iglesia, predicador llamado Boca de Oro

San Juan Crisóstomo fue predicador en Antioquía y después obispo de Constantinopla, uno de los grandes Padres de la Iglesia de Oriente y doctor de la Iglesia. Debía el sobrenombre de Crisóstomo, «boca de oro», a su elocuencia. Murió el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, y la Iglesia celebra su memoria un día antes, el 13 de septiembre.

Nació en Antioquía de Siria, la actual Antakya en Turquía, hacia mediados del siglo IV; no se conoce el año exacto. Perdió pronto a su padre; su madre, Antusa, lo educó en una fe profunda. Estudió retórica con el pagano Libanio, el orador más célebre de la época. Bautizado en 368, fue lector y después vivió algunos años como ermitaño en los montes cercanos, meditando la Sagrada Escritura.

De regreso en la ciudad, fue ordenado diácono en 381 y presbítero en 386, y llegó a ser un predicador famoso. En 387 los habitantes, en protesta contra los impuestos, derribaron las estatuas del emperador, y la ciudad temblaba ante el castigo. Juan pronunció entonces el ciclo de homilías «Sobre las estatuas», llamando a la penitencia y a la conversión. De los años 386 y 387 son también sus homilías Adversus Iudaeos («Contra los judíos»), dirigidas a los cristianos que participaban en las fiestas judías. Usó en ellas un lenguaje duro y hostil hacia los judíos, y en siglos posteriores se utilizaron para alimentar el antijudaísmo.

En 397, contra su voluntad, fue llamado a ser obispo de Constantinopla, capital del imperio, y en 398 recibió la ordenación episcopal. Reformó el clero, vivió con sencillez y fundó obras de caridad para los pobres. Se esmeró en la belleza de la liturgia; la anáfora eucarística que lleva su nombre sigue siendo hoy la más difundida en Oriente. Denunció con valentía el lujo de la corte y de los poderosos, lo que le granjeó muchos enemigos.

En 403 un sínodo convocado por el patriarca Teófilo de Alejandría lo depuso y Juan fue desterrado. Pronto se le permitió volver, pero tras otro conflicto con la emperatriz Eudoxia tuvo que abandonar de nuevo la capital y fue confinado en Armenia. El papa Inocencio I estaba convencido de su inocencia, pero no pudo ayudarlo. Durante un viaje posterior bajo custodia militar, agotado por los padecimientos, murió el 14 de septiembre de 407 en Comana del Ponto. Según su biógrafo Paladio, sus últimas palabras fueron: «Gloria a Dios por todo».

Es uno de los escritores más fecundos de la antigüedad cristiana: se conservan más de setecientas homilías suyas, más de una decena de tratados y más de doscientas cartas. Enseñaba que quien honra el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía no puede descuidarlo en el hermano hambriento y desnudo. Benedicto XVI lo llamó uno de los grandes Padres de la doctrina social de la Iglesia.

Es venerado como santo desde la antigüedad. En 438 el obispo Proclo trasladó solemnemente su cuerpo a Constantinopla. El 27 de noviembre de 2004 Juan Pablo II entregó al patriarca ecuménico Bartolomé I una parte de las reliquias conservadas en la basílica de San Pedro.