San Juan Clímaco

Monje

Abad, monje y eremita en el Sinaí, autor de la Escala del Paraíso

San Juan Clímaco fue monje y abad del monasterio del monte Sinaí y autor de la «Escala del Paraíso», un clásico de la espiritualidad monástica del Oriente cristiano. De ese título procede su sobrenombre: la palabra griega «klimax» significa «escala». La Iglesia lo recuerda el 30 de marzo.

De su origen no sabemos nada cierto, y las fechas de su vida son discutidas. Antes se pensaba que había muerto a comienzos del siglo VII. El papa Benedicto XVI, en la catequesis del 11 de febrero de 2009, dijo que Juan nació hacia el año 575 y murió después del año 650. La fuente principal de noticias sobre él es una breve Vida escrita por el monje Daniel de Raithu.

A los dieciséis años Juan llegó al Sinaí, allí donde Moisés se encontró con Dios, y se hizo discípulo de un anciano, el abad Martirio. Después eligió la vida eremítica en una gruta al pie del monte, en un lugar llamado Tola, a unos ocho kilómetros del actual monasterio de Santa Catalina. Allí pasó cuarenta años en la oración, la penitencia y el combate espiritual. La soledad no lo cerró a los hombres: recibía a quienes buscaban dirección espiritual y visitaba los monasterios cercanos a Alejandría. La Vida cuenta que, cuando unos monjes envidiosos lo llamaron charlatán, guardó silencio durante un año entero, hasta que ellos mismos le pidieron que volviera a enseñarles.

Después de cuarenta años de vida eremítica llegó a ser egúmeno, es decir, superior, del gran monasterio del Sinaí, y así volvió a la vida en comunidad. Algunos años antes de su muerte, por nostalgia de la soledad, confió el gobierno del monasterio a su hermano, que era monje allí. Murió en el Sinaí.

Escribió la «Escala» a petición insistente de Juan, superior del cercano monasterio de Raithu. En ella presentó el camino del monje, desde la renuncia al mundo hasta la perfección del amor, como una subida de treinta peldaños, según el número de los años de la vida oculta de Cristo. Los primeros peldaños enseñan el desprendimiento del mundo y la obediencia, los siguientes la lucha contra las pasiones, y los últimos conducen a la paz del corazón y a la oración. Juan habla allí de la oración de Jesús, es decir, de la invocación del nombre de Jesús, continua como la respiración.

En lo alto de la escala están la fe, la esperanza y la caridad. «La esperanza es la puerta de la caridad», escribía Juan. Benedicto XVI señaló que la cima de la escala la forman las virtudes más sencillas, dadas a todos en el bautismo; por eso la vida del monje es un gran signo de la vida de todos los bautizados, y la «Escala», como él dijo, tiene algo que decirnos también a nosotros.

Juan Clímaco es venerado como santo desde hace siglos, sin canonización formal, en Oriente y en Occidente. Las Iglesias de tradición bizantina lo recuerdan también el cuarto domingo de Cuaresma. Juan Pablo II, al peregrinar el 26 de febrero de 2000 al monasterio de Santa Catalina en el Sinaí, llamó a la «Escala» una obra maestra espiritual que, de generación en generación, inspira a monjes y monjas de Oriente y de Occidente.