San José Vaz
Sacerdote · 1651-1711
Presbítero, oratoriano, apóstol de Sri Lanka
San José Vaz fue un sacerdote de Goa, en la India, oratoriano y misionero. Durante veinticuatro años reconstruyó la Iglesia católica perseguida en Ceilán, la actual Sri Lanka, y por eso se le llama apóstol de aquella isla. El Martirologio Romano lo recuerda el 16 de enero.
Nació el 21 de abril de 1651 en Goa, entonces colonia portuguesa, en una familia de fe viva. Estudió filosofía y teología en la Academia de Santo Tomás de Aquino de Goa y en 1676 fue ordenado sacerdote. El 5 de agosto de 1677 se entregó a María como su esclavo para siempre.
Le conmovió la suerte de los católicos de Ceilán. La fe había llegado allí con los portugueses, pero a mediados del siglo XVII estos fueron expulsados por los holandeses, que prohibieron la práctica católica; los sacerdotes tuvieron que abandonar la isla y los fieles vivieron durante décadas sin los sacramentos. José quería acudir en su ayuda, pero sus superiores lo enviaron primero a la misión de Canara, no lejos de Goa. A su regreso, en 1684, se unió a un pequeño grupo de sacerdotes que vivían en comunidad. Lo eligieron superior y adoptaron el modelo del Oratorio de San Felipe Neri.
En marzo de 1686 se puso en camino y en 1687 llegó a Jaffna, en el norte de la isla, disfrazado de pobre jornalero. Mendigaba de puerta en puerta con un rosario al cuello y así encontraba a los católicos que vivían escondidos. Celebraba la santa Misa en secreto, a menudo de noche. Cuando los holandeses descubrieron su presencia, y quienes le habían dado refugio fueron azotados y encarcelados, logró pasar al reino independiente de Kandy. Allí lo acusaron de ser espía de Portugal y lo cargaron de cadenas. En la cárcel, donde pasó más de dos años, aprendió el cingalés; el tamil lo había aprendido ya antes de llegar a la isla.
Con el tiempo se ganó el respeto del rey y la libertad de actuar. El Dicasterio para las Causas de los Santos recoge el relato de que, durante una larga sequía, rezó pidiendo lluvia junto a un altar levantado delante del palacio, y la lluvia cayó en abundancia antes de que terminara. Cuando en 1697 estalló en Kandy una epidemia de viruela y el rey y la corte abandonaron la ciudad, José cuidó a los enfermos sin distinción de religión ni de casta, les procuró alimento y enterró a los muertos.
Desde Kandy recorría a pie, a menudo descalzo, las aldeas de toda la isla, también los territorios holandeses y la misma Colombo. Administraba los sacramentos, construía iglesias, preparaba catequistas laicos y compuso un catecismo en las lenguas locales. Hizo venir de Goa a otros oratorianos, y la isla quedó dividida en ocho misiones. Por humildad no aceptó la dignidad episcopal.
En 1710 volvió a ponerse en camino hacia las misiones, pero lo llevaron de vuelta a Kandy sin sentido. Murió allí, tras meses de enfermedad, el 16 de enero de 1711, en el sexagésimo año de su vida. Juan Pablo II lo beatificó en Colombo el 21 de enero de 1995 y recordó que con razón se le considera el segundo fundador de la Iglesia en aquel país. El papa Francisco lo canonizó en el mismo lugar el 14 de enero de 2015.