
San José de Nazaret
Confesor
Esposo de la Santísima Virgen María, patrono de la Iglesia universal
San José descendía de la estirpe del rey David. A pesar de su alto linaje, José no poseía ningún patrimonio. Se ganaba la vida con la carpintería y trabajando como carpintero de obra. Según san Justino (ca. 100-ca. 166), que vivió muy cerca de los tiempos de los apóstoles, José fabricaba arados de madera y yugos para bueyes. Preparaba, pues, herramientas para el trabajo del campo y de la labranza.
Desposado con María, José se encontró ante el misterio de la concepción milagrosa. No era padre de Cristo según la carne. Lo era, sin embargo, según la ley judía, como legítimo esposo de María. Cuando José supo que María esperaba un hijo, sabiendo que no era suyo, decidió apartarse discretamente de la vida de María para no exponerla a la deshonra y a las habladurías. Pero, introducido por el ángel en el misterio, recibió a María en su casa.
Obedeciendo el decreto del censo, fue con ella a Belén, donde nació Jesús. Después de imponer el nombre al Niño y de presentarlo en el templo, ante la persecución, huyó con la Madre y el Niño a Egipto. Tras la muerte de Herodes se dirigió a Nazaret. José aparece por última vez en las páginas de la Sagrada Escritura durante la peregrinación a Jerusalén con Jesús a los doce años. Cuando Jesús se presenta como Maestro, ya no hay ninguna mención de José.
Probablemente ya había muerto. Tuvo la muerte y el entierro más hermosos que puedan imaginarse en la tierra, pues en los últimos momentos de su vida estuvieron junto a san José Jesús y María. Ellos también le dieron sepultura. Quizá por eso la tradición lo llamó patrono de la buena muerte.
La iconografía solía representar a José como un anciano. En realidad era un joven en la plenitud de la belleza y del vigor varonil.
Los Padres y escritores de la Iglesia subrayan que, para una vida tan cercana a Jesús y a María, la Providencia eligió a un hombre de extraordinaria virtud. Por eso la Iglesia pone con razón a san José a la cabeza de todos los santos y le da un lugar tan destacado en la hagiografía.
San José es patrono de la Iglesia universal, de numerosas órdenes religiosas, de países como Austria, Chequia, Filipinas, España, Canadá, Portugal y Perú, de muchas diócesis y ciudades, y también de los esposos y las familias cristianas, de los padres, de los huérfanos, así como de los carpinteros, los leñadores, los artífices, los obreros, los artesanos, de todos los que trabajan y de los refugiados, y de la ya mencionada buena muerte.
En la iconografía se le representa con el Niño Jesús en brazos y con un lirio en la mano. Sus atributos son, entre otros, las herramientas de carpintero: la sierra, el hacha, el banco de carpintero, y también el odre para el agua, el bastón de caminante, la vara florida (de Jesé), el cuenco de gachas, la lámpara y la vid.