San José Benito Cottolengo

Sacerdote · 1786-1842

Presbítero, fundador de la Pequeña Casa de la Divina Providencia en Turín

San José Benito Cottolengo fue un sacerdote italiano que en Turín, confiando solo en la Divina Providencia, abrió una casa para los pobres, los enfermos y los abandonados. Su obra, la Pequeña Casa de la Divina Providencia, se conoce simplemente como el Cottolengo. La Iglesia lo recuerda el 30 de abril.

Nació el 3 de mayo de 1786 en Bra, en el Piamonte, el mayor de doce hijos, seis de los cuales murieron en la infancia. Fue ordenado sacerdote en Turín el 8 de junio de 1811; también dos de sus hermanos se hicieron sacerdotes. Era un confesor solicitado y predicaba ejercicios espirituales y conferencias a los estudiantes. A los treinta y dos años fue nombrado canónigo en la iglesia del Corpus Domini de Turín, pero en ese cargo no encontraba paz.

El cambio llegó el domingo 2 de septiembre de 1827. Una familia francesa llegó a Turín en la diligencia de Milán; la madre, en avanzado estado de gestación, tenía fiebre alta. Rechazada por varios hospitales, la familia encontró sitio en un dormitorio público. Llamado allí, el padre Cottolengo acompañó a la joven mujer hasta su muerte. Después oró largamente ante el Santísimo Sacramento, preguntando a Dios qué quería de él. Por fin hizo tocar las campanas y encender las velas, y anunció a los reunidos en la iglesia: «¡La gracia está hecha!».

Desde entonces puso sus dotes de organizador y administrador al servicio de los más necesitados. En enero de 1828 instaló en unos locales alquilados en el centro de Turín un pequeño refugio para enfermos pobres. Cuando durante una epidemia de cólera hubo que cerrarlo, no se rindió: el 27 de abril de 1832 abrió en las afueras de la ciudad la Pequeña Casa de la Divina Providencia. Allí acogía a los enfermos rechazados por los hospitales y a pobres de toda clase, y a las personas con discapacidad intelectual las llamaba sus «buenos hijos». A los sucesivos edificios les dio nombres: casa de la fe, casa de la esperanza, casa de la caridad.

Fundó toda la obra en la confianza en la Providencia y se llamaba a sí mismo peón de la Divina Providencia. Le gustaba repetir las palabras de san Pablo: «El amor de Cristo nos apremia». Enfermos y sanos, religiosos y laicos formaban en la Pequeña Casa una sola familia, en la que cada uno tenía su tarea. Fundó comunidades de hermanas, de hermanos religiosos y de sacerdotes y, junto a las obras de caridad, cinco monasterios de religiosas contemplativas y uno de ermitaños, que contaba entre sus obras más importantes.

Agotado por el trabajo y enfermo, se trasladó a la casa de su hermano en Chieri, cerca de Turín. Allí murió el 30 de abril de 1842, a los cincuenta y seis años. Según Benedicto XVI, sus últimas palabras fueron una súplica a la misericordia de Dios y una oración a la Virgen.

Benedicto XV lo beatificó el 29 de abril de 1917 y Pío XI lo canonizó el 19 de marzo de 1934 en la basílica vaticana. Juan Pablo II visitó la Pequeña Casa en 1980, y en 2010 Benedicto XVI oró allí ante sus restos mortales y se encontró con los enfermos.