San Ignacio de Loyola
Sacerdote · 1491-1556
Presbítero, fundador de la Compañía de Jesús, autor de los Ejercicios espirituales
San Ignacio de Loyola fue un cortesano y soldado vasco que, tras una grave herida, se convirtió a Dios, escribió los Ejercicios espirituales y fundó la Compañía de Jesús, la orden de los jesuitas. La Iglesia celebra su memoria el 31 de julio, aniversario de su muerte.
Nació en 1491 en Azpeitia, en el País Vasco, con el nombre de Íñigo López de Loyola, en una familia noble. Se crio en la corte del rey Fernando el Católico y soñaba con la gloria caballeresca, y después pasó al servicio del virrey de Navarra. El 20 de mayo de 1521, durante la defensa de Pamplona frente a los franceses, una bala de cañón le hirió ambas piernas; cojeó durante el resto de su vida.
Durante su larga convalecencia en el castillo de Loyola leyó la Vida de Cristo de Ludolfo de Sajonia y la Leyenda dorada. Esta lectura cambió sus deseos: decidió imitar a Cristo y a los santos. En 1522, en Montserrat, hizo confesión general, colgó su espada junto al altar de María, veló toda la noche y cambió sus ropas de noble por las de un mendigo. Después vivió durante muchos meses en Manresa en pobreza y penitencia, sirviendo a los pobres y orando en una cueva junto al río. Sus apuntes de aquel tiempo fueron el germen de los Ejercicios espirituales.
En 1523 peregrinó a Tierra Santa, pero los franciscanos no le permitieron quedarse allí. Con más de treinta años, comenzó a estudiar en Barcelona y después estudió en Alcalá, en Salamanca y, desde 1528, en París. Allí reunió en torno a sí a sus primeros compañeros, entre ellos Pedro Fabro y Francisco Javier. El 15 de agosto de 1534, en Montmartre, hicieron votos de pobreza y castidad y prometieron ir a Jerusalén o, si esto resultaba imposible, ponerse a disposición del papa.
La guerra entre Venecia y los turcos impidió la travesía a Palestina. Ignacio fue ordenado sacerdote en Venecia y en 1537 llegó a Roma con sus compañeros para servir a Pablo III. Celebró su primera misa en la noche de Navidad de 1538 en la basílica de Santa María la Mayor. El 27 de septiembre de 1540 el papa aprobó la nueva orden con la bula Regimini militantis Ecclesiae; sus profesos hacen un voto especial de obediencia al papa en lo referente a las misiones. Ignacio fue elegido primer prepósito general y el 22 de abril de 1541 hizo con sus compañeros los votos solemnes.
Permaneció en Roma hasta el final de su vida. Gobernó la orden, que crecía rápidamente, redactó sus Constituciones, fundó colegios y cuidó de los pobres, los huérfanos y los enfermos, todo, como dice el Martirologio, «a mayor gloria de Dios». Murió el 31 de julio de 1556 en su modesta habitación junto a la capilla de la Madonna della Strada, invocando el nombre de Jesús. Descansa en la iglesia del Gesù de Roma.
Pablo V lo beatificó en 1609 y Gregorio XV lo canonizó el 12 de marzo de 1622, junto con Francisco Javier, Teresa de Ávila, Felipe Neri e Isidro Labrador. En 1922 Pío XI lo proclamó patrono celestial de todos los ejercicios espirituales.