San Gregorio Magno
Papa · † 604
Papa y doctor de la Iglesia, monje, autor de la Regla pastoral
San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia, gobernó la Iglesia desde 590 hasta 604, en una época de guerras, catástrofes naturales y peste. Fue un monje que, como obispo de Roma, cuidó de los pobres, defendió la ciudad, envió misioneros y escribió obras que en la Iglesia se siguen leyendo hoy. Su memoria se celebra el 3 de septiembre, aniversario de su elevación a la Sede de Pedro en 590.
Nació en Roma hacia el año 540 en una rica familia patricia de la gens Anicia, que ya había dado a la Iglesia dos papas. Sus padres, Gordiano y Silvia, son venerados como santos, y dos hermanas de su padre vivieron como vírgenes consagradas a Dios. Gregorio emprendió una carrera en la administración y a comienzos de la década de 570 ocupó el cargo de prefecto de Roma.
Pronto, sin embargo, dejó sus cargos, convirtió la casa familiar del monte Celio en el monasterio de San Andrés y comenzó allí la vida monástica; más tarde llegó a ser su abad. Fue ordenado diácono, y el papa Pelagio II lo envió a Constantinopla como su representante, o apocrisiario. Al cabo de algunos años lo llamó de nuevo a Roma y lo hizo su secretario. Cuando Pelagio murió en 590 durante una epidemia de peste, el clero, el pueblo y el senado eligieron por unanimidad a Gregorio como su sucesor. Intentó resistirse e incluso huir, pero al final aceptó la elección.
Como papa afrontó las consecuencias de inundaciones, hambre y peste, y la amenaza de los longobardos. Con las rentas de la Iglesia compraba y distribuía grano, socorría a los necesitados y a los sacerdotes, monjes y monjas pobres, y rescataba a los cautivos. Las negociaciones con el rey longobardo Agilulfo llevaron a una tregua, y la reina Teodolinda, católica, fue guiando poco a poco a su esposo hacia la fe católica. A finales del siglo VI Gregorio envió a Inglaterra monjes de su monasterio guiados por Agustín; su solicitud misionera alcanzó también a los visigodos de España y a los francos.
Gregorio fue también escritor y maestro de la fe. Escribió los Moralia, un extenso comentario al libro de Job, homilías sobre el libro de Ezequiel y sobre los Evangelios, la Regla pastoral sobre el ministerio del obispo y los Diálogos, cuyo segundo libro es el único testimonio antiguo sobre la vida de san Benito. Se conservan más de ochocientas cartas suyas. Cuidó la liturgia, y la tradición une a su nombre el canto gregoriano, aunque los historiadores discuten su participación real en el origen de este canto. Se llamaba a sí mismo «siervo de los siervos de Dios» y, como subrayó Benedicto XVI, para él no era una fórmula piadosa, sino un modo de vivir.
Murió en Roma el 12 de marzo de 604 y fue sepultado en la basílica de San Pedro. Es venerado como santo desde hace siglos, y la tradición le ha dado el sobrenombre de Magno. Junto con los santos Ambrosio, Agustín y Jerónimo, es uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia de Occidente. Benedicto XVI le dedicó dos catequesis en 2008 y lo llamó uno de los más grandes Padres de la historia de la Iglesia.