San Gregorio de Nisa

Obispo

Obispo de Nisa, padre de la Iglesia, hermano de san Basilio Magno

San Gregorio de Nisa fue obispo, teólogo y maestro de vida espiritual, hermano menor de san Basilio Magno. Junto con él y con san Gregorio Nacianceno pertenece a los tres grandes Padres capadocios, que en el siglo IV defendieron la fe en la Santísima Trinidad. La Iglesia lo recuerda el 10 de enero.

Nació hacia el año 335 en Asia Menor, en la actual Turquía, en una familia que dio varios santos. Entre sus hermanos estuvieron también santa Macrina y san Pedro, más tarde obispo de Sebaste. De la formación cristiana de Gregorio se ocuparon sobre todo Basilio, a quien llamaba padre y maestro, y Macrina. Recibió una esmerada educación y apreció de modo especial la filosofía y la retórica.

Al principio eligió el camino secular: enseñó retórica y se casó. Con el tiempo, siguiendo el ejemplo de su hermano y de su hermana, se consagró a la vida ascética. A comienzos de los años setenta del siglo IV, Basilio, entonces obispo de Cesarea de Capadocia, lo ordenó obispo de la pequeña ciudad de Nisa. Gregorio aceptó el cargo a disgusto, pero se mostró como un pastor celoso y se ganó la estima de los fieles.

Eran los años del reinado del emperador Valente, que favorecía a los arrianos. Sus adversarios acusaron a Gregorio de mala administración de los bienes de la Iglesia y en 376 un sínodo de obispos arrianos lo privó de su cargo. Tuvo que abandonar su ciudad y solo regresó a ella tras la muerte de Valente en 378, recibido con alegría. El Martirologio Romano recuerda que fue expulsado por confesar la verdadera fe.

En 379 murió Basilio, y poco después de él Macrina. Gregorio recogió la herencia espiritual de su hermano y se convirtió en uno de los principales defensores de la fe de Nicea. Participó en sínodos, procuró resolver las disputas entre las Iglesias y en el Concilio de Constantinopla del año 381, que definió la doctrina sobre la divinidad del Espíritu Santo, estuvo entre las figuras principales. El emperador Teodosio le confió tareas difíciles.

En sus escritos defendió la divinidad del Hijo de Dios y del Espíritu Santo, por ejemplo en la obra Contra Eunomio, y en el Gran discurso catequístico ofreció a los catequistas una exposición ordenada de la fe. Comentó la Oración del Señor y las Bienaventuranzas, y escribió sobre la creación del hombre a imagen de Dios. En la Vida de Moisés presentó la subida al monte Sinaí como imagen de la ascensión del hombre hacia Dios. Enseñaba que este camino nunca termina, porque Dios ensancha sin cesar la capacidad del alma para acoger un bien cada vez mayor. Recordaba que en los pobres está presente Cristo mismo. Narró también la vida y la muerte de su hermana Macrina. Benedicto XVI lo llamó gran padre de la mística.

Las fuentes lo mencionan por última vez en 394, cuando participó en un sínodo en Constantinopla. No se conoce la fecha de su muerte. Gregorio es venerado como santo desde la Antigüedad, en Oriente y en Occidente, sin una canonización formal, que en aquellos siglos todavía no existía. El Segundo Concilio de Nicea, en 787, lo llamó Padre de los Padres.