San Geraldo de Aurillac

Laico · † 909

Conde de Aurillac, fundador de una abadía benedictina, protector de los pobres

San Geraldo de Aurillac fue conde en Auvernia y laico. Gobernó sus tierras con justicia, cuidó de los pobres y, sin abandonar su estado ni el traje seglar, llevó en secreto una vida al modo de los monjes. Fundó la abadía de Aurillac. La Iglesia lo recuerda el 13 de octubre.

Conocemos su vida sobre todo por la Vida que la tradición atribuye a san Odón, abad de Cluny, que escribía hacia el año 930. Algunos historiadores modernos ponen en duda esta autoría. La Vida presenta a Geraldo como modelo de un noble que llega a ser santo en su propio estado. También el Martirologio Romano lo propone como ejemplo para los poderosos de este mundo.

Nació hacia mediados del siglo IX en una familia noble de la región de Aurillac. De niño estuvo enfermo durante mucho tiempo, por lo que le hicieron estudiar gramática y canto eclesiástico con vistas al estado clerical. Cuando sanó, fue preparado para el oficio de las armas. A la muerte de sus padres asumió los extensos bienes familiares. Según la Vida, deseaba entrar en un monasterio, pero un obispo al que consultó lo convenció de que haría más bien permaneciendo en el mundo. No se casó y vivió en castidad.

La Vida lo describe como un señor que gobernaba de otro modo que muchos poderosos de su tiempo. Cualquiera podía acudir a él con una queja, y él resolvía las causas personalmente. Invitaba a los pobres a su mesa y los servía él mismo, y concedió la libertad a muchos de sus siervos. No rehuía la defensa de sus tierras, pero procuraba limitar la violencia de la guerra y sabía reconciliarse con los vencidos.

A finales del siglo IX fundó en sus tierras de Aurillac un monasterio benedictino dedicado a san Pedro y llevó a él monjes de Vabres. Él mismo no llegó a ser monje ni abad. La abadía se convirtió en un importante centro de estudios. Algunas décadas después de la muerte de Geraldo se formó allí el monje Gerberto, el futuro papa Silvestre II.

En los últimos años de su vida perdió la vista y aceptó esta prueba con paciencia. Murió el 13 de octubre de 909 en Cézerniac, una propiedad suya que hoy se identifica con Saint-Cirgues, en el Quercy. Fue sepultado en la iglesia del monasterio que él mismo había fundado en Aurillac.

Geraldo vivió antes de que existieran los procesos de canonización. Fue venerado como santo poco después de su muerte, primero en Aurillac y en la Alta Auvernia. Se cuenta entre los primeros laicos a los que la Iglesia reconoció como santos sin haber sido mártires ni religiosos.