
San Francisco de Paula
Ermitaño · 1416-1507
Ermitaño, fundador de la Orden de los Mínimos, patrono de la gente de mar
San Francisco de Paula fue un ermitaño calabrés y el fundador de la Orden de los Mínimos, los hermanos «mínimos», es decir, los más pequeños. Se hizo conocido por su austera penitencia, su humildad y su solicitud por los pobres. Llamado a Francia junto al rey Luis XI, gravemente enfermo, permaneció allí hasta su muerte. La Iglesia lo recuerda el 2 de abril.
Nació el 27 de marzo de 1416 en Paola (Paula), en Calabria, en una familia de pequeños agricultores. Sus padres, Giacomo y Vienna, habían esperado mucho tiempo un hijo y atribuyeron su nacimiento a la intercesión de san Francisco de Asís; por eso le pusieron su nombre. Cuando tenía unos trece años, en virtud de un voto que ellos habían hecho, pasó un año en el convento de los franciscanos de San Marco Argentano. Después peregrinó con sus padres a Asís.
A su regreso se estableció como ermitaño en un lugar apartado cerca de Paola. Con el tiempo se le unieron discípulos, para los que se construyeron una capilla y las primeras celdas. En 1474 el papa Sixto IV aprobó la comunidad como congregación de ermitaños de san Francisco de Asís. En la regla aprobada más tarde por Alejandro VI los hermanos recibieron el nombre de Mínimos: Francisco quería que se consideraran los más pequeños. A los tres votos religiosos añadió un cuarto, el de la vida cuaresmal durante todo el año, es decir, la abstinencia perpetua de carne, huevos y lácteos. Los hermanos debían vivir de limosna.
Francisco no era un hombre docto. La bula de canonización recoge el reproche que se le hacía: siendo un simple laico sin instrucción, prometía la salud a los enfermos. Aun así, la fama de las curaciones y de los milagros que se le atribuían se extendió mucho más allá de Calabria. Según la tradición, cruzó el estrecho de Mesina sobre su propio manto cuando un barquero le negó un lugar en su barca. Defendía a los pobres de los abusos de los poderosos y amonestaba a los gobernantes, también al rey de Nápoles. Su lema era una sola palabra: «Charitas», caridad.
El rey de Francia Luis XI, gravemente enfermo, al oír hablar del taumaturgo de Calabria quiso tenerlo a su lado. Francisco solo se puso en camino cuando se lo ordenó el papa Sixto IV. En 1483 llegó a la corte, en Plessis, cerca de Tours. No curó al rey, pero lo preparó para la muerte y estuvo junto a él en esa hora. Los sucesores de Luis, Carlos VIII y Luis XII, apreciaban sus consejos; cuando quiso volver a Calabria no se le permitió partir, y pasó en Francia el resto de su vida. En 1506 el papa Julio II aprobó la regla definitiva para los frailes, las monjas y los terciarios laicos.
Murió en el convento de Plessis, cerca de Tours, el 2 de abril de 1507, Viernes Santo, a los noventa y un años. La víspera había recibido el viático de manos de uno de los sacerdotes de su Orden, y el día de su muerte se leyó junto a él el relato de la Pasión del Señor.
El papa León X lo beatificó en 1513 y el 1.º de mayo de 1519 lo proclamó santo. En 1562, durante las guerras de religión, los hugonotes quemaron su cuerpo. En 1943 Pío XII lo declaró patrono de la gente de mar italiana, y Juan XXIII, patrono de Calabria.