
San Francisco de Laval
Obispo · 1623-1708
Obispo de Quebec, misionero de Nueva Francia, fundador del seminario
San Francisco de Montmorency-Laval fue el primer obispo de Quebec. Llegó como vicario apostólico a Nueva Francia, en América del Norte, y durante casi cincuenta años consolidó e hizo crecer allí la Iglesia. Su memoria se celebra el 6 de mayo, aniversario de su muerte.
Nació el 30 de abril de 1623 en Montigny-sur-Avre, en la diócesis de Chartres, en una familia noble. A los nueve años comenzó sus estudios en el colegio de los jesuitas de La Flèche y a los diecinueve pasó al colegio de Clermont, en París, para estudiar teología. Tras la muerte de su padre y de sus dos hermanos mayores se convirtió en heredero del patrimonio familiar. Fue ordenado sacerdote el 1 de mayo de 1647. Como arcediano de Évreux visitó las parroquias y las renovó según el espíritu del Concilio de Trento.
En 1653 debía partir como vicario apostólico a Tonkín, pero el proyecto fracasó por la oposición de los portugueses. Renunció entonces al oficio de arcediano, cedió sus bienes a su hermano y se estableció en Caen, en la ermita dirigida por Jean de Bernières, donde unió la oración a las obras de caridad. A petición del rey Luis XIV, el papa Alejandro VII lo nombró el 3 de junio de 1658 vicario apostólico de Nueva Francia. Recibió la ordenación episcopal en París el 8 de diciembre y el 16 de junio de 1659 llegó a Quebec.
Encontró una colonia de menos de 2500 habitantes, con solo cinco parroquias. En 1663 fundó el seminario de Quebec, que formaba a los sacerdotes y se convirtió en el corazón de la Iglesia local; de él nació más tarde la Universidad Laval. Envió sacerdotes, sobre todo jesuitas, a nuevas misiones en Acadia, en la región de los Grandes Lagos y en el valle del Misisipi. En 1674 Quebec se convirtió en diócesis y él en su primer obispo.
Fue un hombre de oración: después de la misa celebrada de madrugada, permanecía largo tiempo en adoración ante el Santísimo Sacramento. Se opuso con todas sus fuerzas al comercio de alcohol con los indígenas, que daba ingresos a la colonia pero destruía su vida y generaba violencia. En 1960 Juan XXIII subrayó que defendió con firmeza los derechos de los indígenas, también frente a la autoridad civil.
Agotado por el trabajo, renunció a la sede para que un obispo más joven asumiera la diócesis. Su sucesor, Jean-Baptiste de Saint-Vallier, cambió algunas de sus disposiciones en el seminario, lo que Laval aceptó con dolor, pero siempre mostró a su sucesor respeto y obediencia. En 1688 regresó a Quebec y vivió en el seminario, dedicado a la oración y al cuidado de los pobres. Murió el 6 de mayo de 1708, a los 85 años. Su sepulcro se encuentra hoy en la catedral basílica de Notre-Dame de Quebec.
Juan Pablo II lo beatificó el 22 de junio de 1980, junto con María de la Encarnación y Kateri Tekakwitha. El 3 de abril de 2014 el papa Francisco lo declaró santo mediante una canonización equipolente, extendiendo su culto a toda la Iglesia. En la misa de acción de gracias del 12 de octubre de 2014 dijo de él y de santa María de la Encarnación que, por así decirlo, habían fundado la Iglesia de Quebec.