
San Francisco Ch'oe Kyŏng-hwan
Mártir · 1805-1839
Mártir, catequista laico, esposo y padre
San Francisco Ch'oe Kyŏng-hwan fue un catequista laico coreano, esposo y padre de familia, que dio su vida por la fe durante la persecución de 1839. El Martirologio Romano lo recuerda el 12 de septiembre, día de su muerte; junto con los demás mártires coreanos, la Iglesia lo venera también el 20 de septiembre.
Nació en 1805 en el distrito de Hongju, el menor de los seis hijos de una familia acomodada, una de las primeras de Corea en acoger el Evangelio. Como en su tierra natal era difícil vivir la fe, convenció a sus parientes de trasladarse a la capital. Allí sufrieron vejaciones por parte de los paganos y perdieron la mayor parte de sus bienes, pero no quisieron devolver mal por mal. Tras otras peregrinaciones se establecieron en el monte Suri, en la actual ciudad de Anyang, donde con otras familias católicas formaron la aldea cristiana de Surisan, que Francisco dirigía.
Con su esposa María Yi Sŏng-rye tuvo varios hijos. Aunque había estudiado poco, leía y meditaba mucho, y en su casa enseñaba la fe a sus vecinos de manera tan sencilla y convincente que la gente venía a escucharlo desde lejos. En 1836 un misionero francés, san Pedro Maubant, eligió a su hijo mayor como candidato al sacerdocio. Los padres aceptaron que Tomás fuera a estudiar a Macao junto con Andrés Kim Tae-gŏn, hoy santo mártir.
A comienzos de 1839 Francisco fue nombrado catequista. Durante la persecución recogía limosnas para los cristianos encarcelados y para los pobres, sepultaba en Seúl los cuerpos de los mártires y preparaba a su familia para el martirio. El 31 de julio de 1839 llegaron a Surisan policías de la capital. Francisco los recibió como a huéspedes y les dio de comer. Después él, su familia y sus vecinos, unas cuarenta personas en total, fueron conducidos a Seúl.
En la cárcel fue torturado muchas veces para que renegara del cristianismo. Respondía que, si la infidelidad hacia un hombre es una falta, cuánto más lo es la infidelidad hacia Dios. Muchos de los detenidos, quebrantados por los tormentos, renegaron de la fe y quedaron libres; solo perseveraron Francisco, su esposa y Emerencia Yi, de su aldea. Por haber enviado a su hijo al extranjero lo torturaron con especial crueldad, hasta que ya no pudo valerse de los brazos ni de las piernas. Aun así, como recoge el Martirologio, nunca dejó de rezar y de enseñar el catecismo.
Murió en la cárcel a causa de sus heridas el 12 de septiembre de 1839 y fue sepultado en el monte Suri. María, cuyo hijo menor, todavía pequeño, murió de hambre en prisión, fue decapitada cerca de Seúl el 31 de enero de 1840; el papa Francisco la beatificó en 2014. Su hijo Tomás Ch'oe Yang-ŏp, ordenado en Shanghái en 1849, llegó a ser el segundo sacerdote de la historia de Corea; en 2016 la Iglesia reconoció sus virtudes heroicas.
El papa Pío XI beatificó a Francisco el 5 de julio de 1925 en un grupo de 79 mártires coreanos. Juan Pablo II lo canonizó en Seúl el 6 de mayo de 1984, junto con otros 102 mártires de Corea.