San Felipe Neri

Sacerdote · 1515-1595

Presbítero, fundador del Oratorio, apóstol de Roma

San Felipe Neri fue sacerdote y fundador del Oratorio. Durante sesenta años vivió en Roma, donde escuchaba confesiones y reunía a su alrededor a los jóvenes, y por eso se le llama apóstol de Roma. La Iglesia lo recuerda el 26 de mayo.

Nació en Florencia el 21 de julio de 1515. Sus padres fueron el notario Francesco Neri y Lucrezia Soldi. Siendo joven, fue enviado por su padre a casa de un pariente rico en San Germano, cerca de Montecassino, para que se dedicara al comercio, y el pariente quería hacerlo su heredero. Felipe, sin embargo, renunció a ese camino y en 1534 llegó a Roma como un peregrino pobre y desconocido.

En Roma estudió filosofía y teología, vivió con gran pobreza y dedicó mucho tiempo a la oración. Visitaba las siete iglesias principales de la ciudad y a menudo pasaba las noches en oración en las catacumbas. Juan Pablo II recordaba que en 1544, durante la vigilia de Pentecostés, el Espíritu Santo le dio un «corazón de fuego». Por su consejo y con su ayuda nació la cofradía de la Santísima Trinidad, que atendía a los peregrinos y a los convalecientes. Durante unos diecisiete años llevó a cabo este apostolado como laico.

Por indicación de su confesor fue ordenado sacerdote en 1551 y se fue a vivir junto a la iglesia de San Girolamo della Carità. Pasaba muchas horas en el confesionario y en su habitación hablaba de las cosas de Dios con quienes acudían a pedirle consejo. Pensó en partir a las misiones de la India, pero un piadoso cisterciense le dijo que su India había de ser Roma. De las conversaciones en su habitación nació el Oratorio, donde, como dice el Martirologio Romano, se practicaban la lectura espiritual, el canto y las obras de caridad. Juan Pablo II lo llamó la «verdadera invención» de Felipe.

En 1575 el papa Gregorio XIII aprobó la Congregación del Oratorio y le confió la iglesia de Santa Maria in Vallicella. Sus miembros eran sacerdotes que vivían en comunidad sin votos religiosos. Discípulo de Felipe fue César Baronio, más tarde cardenal, a quien el santo animó durante años a escribir los «Anales eclesiásticos». Entre quienes le abrían su corazón estuvieron san Ignacio de Loyola y san Carlos Borromeo.

Tuvo un cuidado especial por los jóvenes. La bula de canonización dice que los condujo por los caminos de la alegría cristiana, en peregrinaciones a las siete iglesias de Roma y a los hospitales. Juan Pablo II lo llamó el santo de la alegría y recordaba sus palabras: «State buoni, se potete», es decir, «Sean buenos, si pueden». Escuchó confesiones hasta la tarde del último día de su vida. Murió en Roma en las primeras horas del 26 de mayo de 1595. Su cuerpo descansa en la iglesia de Santa Maria in Vallicella.

En 1615 el papa Pablo V lo declaró beato. Gregorio XV lo canonizó el 12 de marzo de 1622 en la Basílica Vaticana, junto con Isidro Labrador, Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Teresa de Ávila. Juan Pablo II recordaba que Felipe Neri es copatrono de Roma.