San Estanislao Kazimierczyk

Sacerdote · 1433-1489

Presbítero, canónigo regular lateranense, predicador y confesor

San Estanislao Kazimierczyk fue sacerdote de los Canónigos Regulares Lateranenses. Unió toda su vida a la iglesia del Corpus Christi de Kazimierz, entonces una ciudad distinta junto a Cracovia y hoy uno de sus barrios. El Martirologio Romano lo describe como diligente ministro de la palabra de Dios, maestro de vida espiritual y confesor muy buscado, y su memoria se celebra el 3 de mayo, aniversario de su muerte.

Nació el 27 de septiembre de 1433 en Kazimierz, hijo de Maciej y Jadwiga Sołtys. Su padre era tejedor y concejal de la ciudad. El niño vino al mundo el día de la fiesta anual de la traslación de las reliquias de san Estanislao, obispo, desde Skałka a la catedral de Wawel, y recibió el nombre de ese santo, al que después veneró de modo especial. Fue bautizado en la iglesia del Corpus Christi, donde también asistió a la escuela parroquial. Después estudió en la Academia de Cracovia y obtuvo un grado académico en teología.

En 1456, a los veintitrés años, ingresó en los Canónigos Regulares Lateranenses, que tenían el convento junto a su iglesia parroquial y a quienes conocía desde la infancia. Tras un año de noviciado hizo los votos religiosos y poco después fue ordenado sacerdote. Los cronistas destacan de forma unánime su humildad, su paciencia, su castidad y su modestia.

En la iglesia del Corpus Christi fue predicador, y sus sermones fervorosos, preparados con esmero, conmovían a los fieles. Escuchaba confesiones y fue para muchos un guía en los caminos de la vida espiritual. En el convento fue lector, maestro de novicios y suplente del prior, y procuró transmitir a los jóvenes religiosos su amor al Santísimo Sacramento. Comenzaba cada día con la santa misa, y la Eucaristía era el centro de su espiritualidad. Tuvo una devoción especial a la Pasión de Cristo y a la Madre de Dios, y cuidaba de los pobres que llamaban a la puerta del convento y de los enfermos.

Murió el 3 de mayo de 1489 y fue sepultado en la iglesia del Corpus Christi, bajo el suelo, junto al altar de santa María Magdalena, patrona de los tejedores. Su fama de santidad se afianzó justo después de su muerte: ya en el primer año los fieles empezaron a pedir gracias a Dios por su intercesión, y las crónicas del convento registraron casi doscientas. En 1632 se levantó un altar propio en el que se depositaron sus reliquias.

Los canónigos iniciaron en 1773 las gestiones oficiales para la confirmación de su culto, pero las particiones de Polonia, las guerras mundiales y el régimen comunista las obstaculizaron. Karol Wojtyła, como arzobispo de Cracovia, presidió muchas veces oraciones ante sus reliquias. Ya como papa Juan Pablo II, el 18 de abril de 1993 en Roma confirmó solemnemente su culto y lo proclamó beato. Tras la aprobación de un milagro atribuido a su intercesión, Benedicto XVI lo canonizó el 17 de octubre de 2010 en la plaza de San Pedro, diciendo que toda su vida estuvo unida a la Eucaristía.