San Elías

Profeta, defensor del culto al único Dios, modelo de la vida carmelitana

San Elías fue profeta del Señor en el Reino de Israel en el siglo IX antes de Cristo, durante los reinados de los reyes Ajab y Ocozías. El Martirologio Romano lo recuerda el 20 de julio y dice que defendió los derechos de Dios con tal fortaleza de espíritu que prefiguró no solo a Juan el Bautista, sino al mismo Cristo. Su nombre significa «el Señor es mi Dios».

Conocemos su historia por los libros de los Reyes. La Escritura lo llama el tesbita de Galaad y calla sobre su familia y los años de su vida. El rey Ajab se casó con Jezabel, hija del rey de los sidonios, y comenzó a servir a Baal. Elías le anunció una sequía. En aquel tiempo los cuervos lo alimentaron junto al torrente Querit, y después lo acogió una viuda pobre en Sarepta. La harina y el aceite no se agotaron en su casa, y cuando murió su hijo, la oración del profeta le devolvió la vida.

En el monte Carmelo Elías exhortó al pueblo a dejar de cojear entre el Señor y Baal. Los profetas de Baal suplicaron en vano a su dios que enviara fuego sobre el sacrificio. Elías construyó un altar con doce piedras, según el número de las tribus de Israel, y oró para que el pueblo reconociera que el Señor es Dios. El fuego consumió el sacrificio y el pueblo exclamó: «¡El Señor es Dios!». Después, tras una larga sequía, llegó la lluvia. Benedicto XVI, al comentar esta escena en 2011, señalaba que el primer fin de la oración es la conversión.

Cuando Jezabel lo amenazó de muerte, Elías huyó al desierto y, agotado, pidió a Dios morir. Fortalecido con el pan que le trajo un ángel, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios. Allí el Señor no vino en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en el susurro de una brisa suave. El papa Francisco observaba que Dios se dejó encontrar así por un profeta cansado y convencido de haber fracasado. Por mandato de Dios, Elías llamó a Eliseo como sucesor suyo, echándole encima su manto. Más tarde, cuando Jezabel hizo matar a Nabot para que Ajab pudiera apoderarse de su viña, Elías anunció con valentía al rey el juicio de Dios.

La Escritura no habla de su muerte. Según el Segundo Libro de los Reyes, mientras caminaba con Eliseo, un carro de fuego con caballos de fuego los separó, y Elías subió al cielo en un torbellino. El profeta Malaquías anunció que Dios enviaría a Elías antes del día del Señor. Los Evangelios refieren esta promesa a Juan el Bautista, que vino con el espíritu y el poder de Elías. En el monte de la Transfiguración Elías conversó con Jesús junto con Moisés, y el Catecismo dice que solo allí contemplaron el rostro sin velo de Aquel a quien buscaban.

El Catecismo llama a Elías padre de los profetas, y Santiago lo presenta como modelo de oración ferviente. Según el Martirologio, su memoria se conserva sobre todo en el monte Carmelo. La Orden del Carmen, nacida de los ermitaños que vivían en ese monte, lo considera su precursor y modelo. Elías nunca fue canonizado formalmente. La Iglesia lo venera como santo, igual que a los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento.