San Dimas, el Buen Ladrón

Ladrón arrepentido, crucificado junto a Jesús, oyó la promesa del paraíso

El Buen Ladrón, venerado como santo, es uno de los dos malhechores crucificados junto con Jesús en el Gólgota. En las últimas horas de su vida reconoció su culpa, salió en defensa de Jesús y le pidió que se acordara de él en su Reino. El Martirologio Romano lo recuerda el 25 de marzo como el santo ladrón que confesó a Cristo en la cruz y mereció oír de él la promesa del paraíso.

Todo lo que se sabe de él cabe en unas pocas frases de los Evangelios. Los cuatro evangelistas coinciden en que Jesús fue crucificado entre dos condenados, y Mateo y Marcos anotaron que también lo insultaban los crucificados con él. Solo san Lucas cuenta que uno de ellos se comportó de otro modo. Cuando el primero se burlaba de Jesús, el segundo lo reprendió: le recordó el temor de Dios, admitió que ambos recibían un castigo justo por sus obras y atestiguó que Jesús no había hecho nada malo.

Después se dirigió a él llamándolo por su nombre: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino». Oyó la respuesta: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso». El Evangelio de san Juan añade que los soldados quebraron las piernas a los dos crucificados con Jesús, para que los cuerpos no quedaran en las cruces durante el sábado. Murió, pues, el mismo día que Jesús.

Los Evangelios no dan su nombre, su origen ni su edad, y no dicen qué actos había cometido. El nombre de Dimas, con el que se le conoce, aparece solo en el Evangelio apócrifo de Nicodemo, del siglo IV, y pertenece por tanto a la tradición, no a la Sagrada Escritura. Las leyendas posteriores sobre su vida no tienen apoyo en las fuentes. El año de su nacimiento es desconocido, y el año de su muerte, el mismo de la pasión de Cristo, no puede indicarse con certeza.

La Iglesia ve en él a un testigo de la misericordia de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica menciona su petición entre las oraciones que Jesús escuchó y recuerda la promesa que se le hizo en la cruz cuando enseña sobre la suerte del hombre inmediatamente después de la muerte. En la Liturgia de san Juan Crisóstomo los fieles repiten su clamor antes de la sagrada Comunión. Juan Pablo II dijo en 1988 que en el relato de san Lucas puede verse la primera canonización de la historia, realizada por Jesús mismo. El papa Francisco dijo en 2016 que este hombre, mirando a Jesús tan bueno y misericordioso, «logró robarse el cielo».

El Buen Ladrón no fue canonizado en el sentido actual: es venerado desde la Antigüedad, en Occidente y en Oriente, donde la tradición siríaca ve en él al primero que entró en el paraíso. Su día en el Martirologio coincide con la solemnidad de la Anunciación del Señor; una antigua tradición, de la que escribe san Agustín, vinculaba también al 25 de marzo la pasión de Cristo. Se le venera como patrono de los presos y de los moribundos.