San Damián de Veuster

Sacerdote · 1840-1889

Presbítero, misionero en Hawái, apóstol de los leprosos de Molokai

San Damián de Veuster fue un sacerdote belga de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María y misionero en Hawái. Vivió dieciséis años entre los leprosos aislados en la isla de Molokai, compartió su suerte y murió él mismo de lepra. La Iglesia lo recuerda el 15 de abril, día de su muerte.

Nació el 3 de enero de 1840 en Tremelo, en Flandes, séptimo de ocho hijos en una familia de agricultores y comerciantes. Fue bautizado ese mismo día y recibió el nombre de José. Cuatro de los ocho hermanos, entre ellos él, eligieron la vida religiosa. Su padre quería confiar a José el negocio familiar, pero él siguió a su hermano mayor Auguste, en religión Pamphile. A comienzos de 1859 inició el noviciado en Lovaina y tomó el nombre de Damián, y el 7 de octubre de 1860 emitió en París los votos religiosos.

En 1863 Pamphile, destinado a las misiones de las islas Hawái, cayó enfermo. Damián, que aún no había sido ordenado sacerdote, pidió al superior general poder partir en lugar de su hermano. Llegó a Honolulu el 19 de marzo de 1864 y el 21 de mayo recibió allí la ordenación sacerdotal. Durante los años siguientes trabajó en la isla de Hawái, la mayor del archipiélago, primero en el distrito de Puna y después en Kohala y Hamakua. Anunciaba el Evangelio, ayudaba a los pobres y visitaba a los enfermos.

Para frenar la propagación de la lepra, el gobierno de Hawái confinaba entonces a los enfermos en la isla de Molokai. El obispo Louis Maigret sabía que necesitaban un sacerdote, pero no quería enviar allí a nadie por obediencia. Se ofrecieron cuatro voluntarios, que debían turnarse. Damián partió el primero y el 10 de mayo de 1873 desembarcó en el asentamiento de Kalawao, llevando consigo solo un crucifijo y el breviario. A petición propia y de los enfermos se quedó con ellos para siempre, y pronto también a él se le prohibió salir de la isla.

Fue para ellos sacerdote, enfermero y carpintero. Curaba las llagas, levantaba casas, construyó un acueducto, dos hospitales y dos orfanatos, y enterraba a los muertos. No preguntaba a nadie por su religión y aceptaba la ayuda de personas de convicciones diversas. En sus sermones se dirigía a sus feligreses diciendo: «nosotros, los leprosos». En 1884 se supo que él mismo estaba enfermo. Siguió trabajando mientras le alcanzaron las fuerzas.

Murió en Kalawao el 15 de abril de 1889, lunes de la Semana Santa, a los 49 años. Fue enterrado en el cementerio del lugar y en 1936 sus restos fueron trasladados a Bélgica y depositados en la cripta de la iglesia de la congregación en Lovaina.

El papa Pablo VI reconoció la heroicidad de sus virtudes en 1977. Juan Pablo II lo beatificó el 4 de junio de 1995 en Bruselas y Benedicto XVI lo canonizó el 11 de octubre de 2009 en el Vaticano. En la beatificación su memoria se fijó el 10 de mayo, aniversario de su llegada a Molokai, y ese día lo conservan los calendarios de Bélgica y de los Estados Unidos. El Martirologio Romano lo menciona el 15 de abril.