
San Cornelio
Papa · † 253
Papa y mártir, adversario del cisma de Novaciano, muerto en el destierro
San Cornelio fue obispo de Roma desde 251 hasta 253. Frente al rigorismo de Novaciano, defendió el poder de la Iglesia para volver a acoger a los cristianos que en la persecución habían renegado de la fe y después se habían arrepentido. Murió en el destierro en Centumcellae, la actual Civitavecchia. La Iglesia lo recuerda el 16 de septiembre en una única celebración junto con san Cipriano, obispo de Cartago, su amigo y defensor.
De su vida antes de la elección se sabe poco; según el Liber Pontificalis, el antiguo libro de las vidas de los papas, era romano. El papa Fabián fue asesinado el 20 de enero de 250 en la persecución del emperador Decio, y la Iglesia de Roma permaneció sin obispo durante más de un año. Solo cuando la persecución se calmó, en marzo de 251, fue elegido Cornelio. San Cipriano escribió que Cornelio no había buscado ese cargo, que antes había pasado por todos los grados del ministerio en la Iglesia y que fue elegido por casi todo el clero y por el pueblo.
Pocas semanas después, el presbítero romano Novaciano se hizo constituir obispo en oposición a Cornelio. Sostenía que la Iglesia no podía readmitir a la comunión a quienes habían caído en la persecución, aunque se arrepintieran. En Roma se reunió un sínodo de sesenta obispos y de muchos presbíteros y diáconos. Declaró a Novaciano y a sus seguidores ajenos a la Iglesia y decidió que los caídos debían ser curados con la medicina de la penitencia. Cornelio contó con el apoyo de Cipriano y de los obispos de África, y pronto también de los obispos de Oriente.
Eusebio de Cesarea citó un pasaje de una carta de Cornelio a Fabio, obispo de Antioquía. En ella el papa enumera el clero de la Iglesia de Roma: cuarenta y seis presbíteros, siete diáconos, siete subdiáconos, cuarenta y dos acólitos y cincuenta y dos exorcistas, lectores y ostiarios. La comunidad sostenía entonces a más de mil quinientas viudas y necesitados.
Bajo el emperador Galo llegó una nueva persecución, y Cornelio fue desterrado a Centumcellae. Cipriano le escribió que toda la Iglesia de Roma había confesado la fe con una sola voz, y pidió que aquel de los dos que partiera primero no dejara de orar por los hermanos y las hermanas. Cornelio murió en junio de 253. Los testimonios más antiguos no dicen que fuera ejecutado, y los relatos posteriores de su decapitación no son seguros; probablemente murió a causa de las penalidades del destierro. El Martirologio Romano lo llama, sin embargo, mártir porque, como escribió Cipriano, padeció todo lo que podía padecer.
Fue sepultado en Roma, en la cripta de Lucina del cementerio de Calixto, en la Vía Apia, donde se ha conservado la losa de su sepulcro con una inscripción latina que lo llama mártir. Es venerado como santo desde la antigüedad, sin una canonización formal, y su nombre, junto con el de Cipriano, se menciona en el Canon Romano. En 1987 Juan Pablo II recordó que a estos dos hombres de origen y temperamento distintos los unía el amor a la Iglesia y el celo por la unidad de la fe.