San Cirilo de Jerusalén

Obispo

Obispo de Jerusalén y doctor de la Iglesia, autor de las Catequesis, tres veces desterrado

San Cirilo de Jerusalén fue en el siglo IV obispo de Jerusalén y uno de los grandes catequistas de la Iglesia antigua. Durante las disputas con los arrianos fue condenado tres veces al destierro. Dejó las Catequesis, en las que explicaba la fe a los adultos que se preparaban para el bautismo. La Iglesia lo recuerda el 18 de marzo.

Nació hacia el año 315 en Jerusalén o en sus alrededores; la fecha exacta no se conoce. Recibió una esmerada formación, centrada ante todo en la Sagrada Escritura. Fue ordenado presbítero por el obispo Máximo. En el año 348 llegó a ser él mismo obispo de Jerusalén. Lo consagró Acacio, metropolita de Cesarea de Palestina, favorable a los arrianos, por lo que se sospechó que Cirilo debía su cargo a concesiones hechas a ellos.

Muy pronto, sin embargo, entró en conflicto con Acacio, tanto en cuestiones de fe como por la independencia de la sede de Jerusalén respecto de Cesarea. En unos veinte años tuvo que abandonar su ciudad tres veces. En el año 357 lo depuso un sínodo; se le reprochaba, entre otras cosas, haber vendido durante una hambruna enseres de la iglesia para socorrer a los pobres. En el 360 fue desterrado por instigación de Acacio, y en el 367 por voluntad del emperador Valente, que apoyaba a los arrianos. Este tercer destierro fue el más largo y duró once años. Solo en el 378, tras la muerte del emperador, Cirilo regresó definitivamente y devolvió a los fieles la unidad y la paz.

En el año 381 participó en el Concilio de Constantinopla, segundo concilio ecuménico, y desempeñó en él un papel importante. Algunas fuentes de su tiempo ponían en duda la ortodoxia de Cirilo, mientras otras la defendían con firmeza. El testimonio más importante es la carta sinodal del año 382, en la que los obispos de Oriente confirmaron ante el papa su ortodoxia, la legitimidad de su ordenación episcopal y los méritos de su servicio pastoral.

De Cirilo se conservan veinticuatro catequesis, pronunciadas hacia el año 350. Tras una Procatequesis de introducción vienen dieciocho instrucciones para los catecúmenos, predicadas en la basílica del Santo Sepulcro. Tratan de la conversión, del bautismo y del símbolo de fe de Jerusalén. Las cinco últimas, llamadas mistagógicas, estaban destinadas a los recién bautizados durante la semana de Pascua. Explican los ritos del bautismo, la unción con el crisma y la Eucaristía, así como la oración del Padrenuestro. En ellas Cirilo enseñaba que lo que parece pan y vino es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El Catecismo de la Iglesia Católica lo nombra entre los obispos cuyas obras catequéticas siguen siendo modelos.

Murió siendo obispo de Jerusalén. Las fuentes, también las eclesiásticas, no coinciden en el año de su muerte: dan 386 o 387. En Jerusalén, ya en el siglo V, se hacía memoria de su sepultura el 18 de marzo. Es venerado como santo desde la Antigüedad en Oriente y en Occidente, sin un proceso formal de canonización. En 1882 el papa León XIII lo proclamó doctor de la Iglesia, junto con san Cirilo de Alejandría.