San Canuto de Dinamarca

Mártir · † 1086

Mártir, rey de Dinamarca, fundador de las iglesias de Lund y de Odense

San Canuto IV fue rey de Dinamarca de 1080 a 1086. El Martirologio romano lo recuerda el 10 de julio como mártir y dice que promovió con celo el culto divino en su reino, sostuvo al clero y fundó las iglesias de Lund y de Odense, y que finalmente fue asesinado por unos rebeldes. Es venerado como patrono de Dinamarca.

Era hijo natural del rey Sven II Estridsen; el nombre de su madre no se conoce. Nació en la década de 1040, pero el año exacto es incierto. En su juventud participó en dos expediciones a Inglaterra contra Guillermo el Conquistador, la primera a caballo entre 1069 y 1070, la segunda en 1075. A la muerte de su padre, en 1076, los nobles eligieron rey a su hermano Harald, y Canuto marchó al exilio en Suecia. Llegó a ser rey tras la muerte de Harald, en 1080. Se casó con Adela, hija del conde de Flandes Roberto el Frisón. Su hijo Carlos, más tarde conde de Flandes, fue asesinado en Brujas en 1127 y es venerado como beato Carlos el Bueno.

Como rey procuró fortalecer la Iglesia en Dinamarca. Apoyó a los obispos y al clero, hizo generosas donaciones a las iglesias, sobre todo a la catedral de Lund, y se esforzó por introducir el diezmo a favor de la Iglesia. Intentó también mejorar la situación jurídica de los clérigos y comerciantes extranjeros y de los esclavos liberados. Al mismo tiempo reforzó el poder real: sus funcionarios recaudaban los tributos del rey. Ya en la Edad Media su gobierno se juzgó de maneras distintas: unos veían en él a un soberano duro que oprimía al pueblo, otros a un defensor de la Iglesia severo pero justo.

En 1085 preparó una gran expedición naval contra Inglaterra, que sin embargo no se llevó a cabo: la flota reunida se dispersó. Al año siguiente estalló contra él una rebelión. Las fuentes mencionan diversas causas: los fuertes impuestos y tributos, la dureza de los recaudadores reales y el diezmo. El rey se refugió en la isla de Fionia, en Odense.

El 10 de julio de 1086 los rebeldes lo cercaron en la iglesia de San Albano de Odense y lo mataron ante el altar, junto con su hermano Benito y diecisiete hombres de su séquito. Según el relato hagiográfico, el rey se preparó para la muerte con la oración y murió de rodillas, herido por una lanza. Tras su muerte el país sufrió malas cosechas y hambre, en las que muchos vieron un castigo por la muerte violenta del rey, y junto a su sepulcro se empezó a hablar de milagros. Su vida y su martirio fueron narrados a comienzos del siglo XII por Ælnoth, un clérigo de Canterbury establecido en Odense.

El papa Pascual II aprobó su culto, y las reliquias del rey fueron trasladadas solemnemente a una nueva iglesia de Odense; las fuentes dan el año 1100 o 1101. Esa iglesia es hoy la catedral de San Canuto, y sus restos reposan en su cripta. Aunque la rebelión tuvo también causas políticas y fiscales, la tradición ve en su muerte un testimonio de fidelidad a Cristo y a la Iglesia. En algunos calendarios se le recordaba antiguamente el 19 de enero.