
San Bruno de Colonia
Sacerdote · † 1101
Presbítero, fundador de los cartujos, maestro de la escuela catedralicia de Reims
San Bruno fue un sacerdote y un maestro apreciado que renunció a los honores para buscar a Dios en la soledad. Con algunos compañeros dio origen a la Orden de los Cartujos, en la que la vida eremítica se une a elementos de vida común. Su memoria se celebra el 6 de octubre.
Nació en Colonia hacia 1030; la fecha exacta no se conoce. Fue canónigo de la iglesia de San Cuniberto en su ciudad natal y se formó en la escuela catedralicia de Reims, una de las más prestigiosas de su tiempo. Durante unos veinte años dirigió esa escuela y enseñó teología, y más tarde fue canciller de la Iglesia de Reims. Entre sus alumnos estuvo Odón de Châtillon, el futuro papa Urbano II.
Cuando Manasés, acusado de soborno y de apropiarse de los bienes de la Iglesia, llegó a ser arzobispo de Reims, Bruno y algunos otros canónigos se le opusieron y sufrieron por ello persecución. En 1080 el papa Gregorio VII depuso a Manasés. Muchos veían en Bruno a su sucesor, pero él decidió dejar el mundo y vivir solo para Dios. Durante un tiempo buscó su camino junto a san Roberto, abad de Molesme.
En junio de 1084 Bruno y seis compañeros se presentaron ante el obispo de Grenoble, san Hugo, que los condujo al apartado valle de la Chartreuse, en los Alpes. De este lugar procede el nombre de los cartujos. Los monjes vivían en celdas separadas, en silencio y oración, y se reunían para una parte de la liturgia. Bruno guio a la comunidad durante seis años.
En 1090 el papa Urbano II, su antiguo alumno, lo llamó a Roma para que lo ayudara con su consejo en las necesidades de la Iglesia. Bruno obedeció, aunque tuvo que dejar a sus hermanos. No aceptó el arzobispado de Reggio y se estableció en el desierto de La Torre, en Calabria, donde hoy se encuentra Serra San Bruno. Lo apoyó el conde Roger, soberano normando de Calabria y Sicilia. Así nació la ermita de Santa Maria della Torre.
Desde Calabria escribió a su amigo Raúl, preboste del cabildo de Reims, una carta en la que lo exhortaba a dejar lo que pasa y a aferrarse a lo eterno. Benedicto XVI, al visitar la cartuja de Serra San Bruno el 9 de octubre de 2011, llamó a estas palabras el núcleo de la espiritualidad cartujana. Se conserva también una carta de Bruno a sus hermanos de la Chartreuse. Antes de morir hizo ante sus hermanos una profesión de fe en la Santísima Trinidad. Murió el 6 de octubre de 1101. Sus hermanos lo recordaron como un hombre de rostro siempre alegre, que unía la fuerza de un padre con la ternura de una madre.
Bruno nunca pasó por un proceso de canonización. En 1514 el papa León X, a petición de los cartujos, aprobó su culto y permitió a la orden celebrar su fiesta, y en 1623 Gregorio XV la extendió a toda la Iglesia. En el noveno centenario de su muerte, Juan Pablo II presentó a Bruno como un hombre capaz de dejar a un lado sus propios planes para responder a la petición del papa y servir a la Iglesia.