San Bonifacio

Obispo · † 754

Obispo y mártir, apóstol de Alemania, fundador de la abadía de Fulda

San Bonifacio, que en el bautismo recibió el nombre de Winfrido, fue un monje anglosajón que llegó a ser obispo y misionero de los pueblos germánicos. Ha pasado a la historia como el apóstol de Alemania: organizó la Iglesia en Hesse, Turingia y Baviera, gobernó la sede de Maguncia y murió mártir en Frisia. La Iglesia lo recuerda el 5 de junio.

Nació hacia el año 675 en Wessex, en una familia anglosajona. Entró muy joven en un monasterio y después fue monje de la abadía de Nursling. Enseñó gramática latina, escribió tratados y poemas en latín y hacia los treinta años fue ordenado sacerdote. Inglaterra, adonde menos de cien años antes el papa Gregorio Magno había enviado monjes guiados por san Agustín, enviaba ya entonces sus propios misioneros al continente.

En 716 Winfrido navegó a Frisia con algunos compañeros, pero la oposición del soberano local lo obligó a regresar. Sin desanimarse, fue a Roma. El papa Gregorio II le dio el nombre de Bonifacio y en 719 le confió por carta la misión entre los pueblos germánicos; en 722 lo consagró él mismo obispo. Según el primer biógrafo del santo, Willibaldo, en Geismar, en Hesse, Bonifacio derribó un enorme roble venerado por los paganos y con su madera construyó una capilla en honor de san Pedro.

Gregorio III lo nombró arzobispo, le envió el palio y le dio la facultad de instituir obispos. Bonifacio fundó diócesis y monasterios, convocó sínodos y, como legado pontificio, renovó la Iglesia en el reino de los francos. Llamó en su ayuda a monjes y monjas de Inglaterra, entre ellos santa Lioba. Le fue especialmente querida la abadía de Fulda, fundada hacia el año 743. Peregrinó tres veces a Roma y durante toda su vida custodió la unidad con el Sucesor de san Pedro. Se conservan sus cartas, un manual de gramática latina y poemas.

Con casi ochenta años, partió hacia Frisia con un grupo de unos cincuenta monjes, allí donde un día había comenzado su misión. Antes pidió a su discípulo y sucesor en Maguncia, el obispo Lulo, que terminara la construcción de la basílica de Fulda y lo sepultara allí. El 5 de junio de 754, en Dokkum, donde debía confirmar a los recién bautizados, una banda armada de paganos los atacó. Bonifacio prohibió a sus compañeros combatir y murió junto con ellos. El Martirologio Romano nombra entre ellos al obispo Eobano.

Tras diversas vicisitudes, el cuerpo de Bonifacio fue llevado a Fulda y sepultado allí; todavía hoy los peregrinos visitan su tumba. Fue venerado como santo inmediatamente después de su muerte: Cutberto, arzobispo de Canterbury, escribió poco después del martirio que un sínodo de la Iglesia de Inglaterra había decidido celebrar solemnemente su día cada año. Bonifacio vivió mucho antes de que existieran los procesos de canonización; la Iglesia lo venera como santo desde hace siglos. En 1954, en el duodécimo centenario de su martirio, Pío XII le dedicó la encíclica Ecclesiae fastos.