
San Bernardo de Claraval
Monje · † 1153
Abad y doctor de la Iglesia, fundador de la abadía de Claraval
San Bernardo de Claraval fue un monje cisterciense, fundador y primer abad del monasterio de Claraval, a quien la Iglesia cuenta entre sus doctores. Por la dulzura con que hablaba de Cristo, se le llama Doctor melifluo. La Iglesia celebra su memoria el 20 de agosto, día de su muerte.
Nació hacia 1090 en Fontaine, cerca de Dijon, en Borgoña, en una familia noble numerosa y acomodada. Estudió en la escuela de los canónigos de la iglesia de Saint-Vorles, en Châtillon-sur-Seine. Con poco más de veinte años ingresó en Císter, un monasterio joven que quería vivir la Regla de san Benito con todo su rigor. El Martirologio Romano refiere que llegó allí con treinta compañeros. Entre ellos estaban cuatro de sus hermanos.
En 1115 san Esteban Harding, abad de Císter, lo envió con un grupo de monjes a fundar un nuevo monasterio en Claraval. Bernardo tenía entonces 25 años y guió esa comunidad durante 38 años, hasta su muerte. Exigía sobriedad en la comida, el vestido y los edificios, y el cuidado de los pobres. A Claraval acudían muchos candidatos, y del monasterio salían nuevas fundaciones por toda Europa.
Desde 1130 dejó su monasterio cada vez con más frecuencia para servir a la Santa Sede. Cuando fueron elegidos a la vez dos papas, apoyó a Inocencio II y trabajó durante años por restablecer la unidad de la Iglesia. Polemizó con Pedro Abelardo, en cuya teología veía una amenaza para las verdades de la fe. El sínodo de Sens condenó parte de las tesis de Abelardo, y más tarde Pedro el Venerable, abad de Cluny, reconcilió a los dos. Cuando en 1145 un antiguo discípulo suyo de Claraval fue elegido papa con el nombre de Eugenio III, Bernardo escribió para él la obra De la consideración, llena de consejos para el sucesor de san Pedro.
Por encargo del papa predicó en 1146 en Vézelay la segunda cruzada. La expedición terminó en una derrota y muchos culparon de ella a Bernardo, aunque Pío XII escribió que la culpa no era suya. Cuando en aquel tiempo un monje incitaba a las multitudes contra los judíos en Renania, Bernardo salió con firmeza en su defensa. Benedicto XVI recordó que él lo consideraba su deber.
La herencia más valiosa de Bernardo son sus escritos, sobre todo los sermones sobre el Cantar de los Cantares y el tratado Sobre el amor de Dios. Benedicto XVI lo llamó el último de los Padres de la Iglesia, porque en el siglo XII renovó su teología. Bernardo enseñaba que a Dios se le conoce por la experiencia personal del amor de Cristo, más en la oración que en la discusión. Tenía una honda devoción a María y exhortaba a mirarla en las tentaciones y tribulaciones, como los navegantes miran la estrella: «Respice stellam, voca Mariam», es decir, mira la estrella, invoca a María.
Murió en Claraval el 20 de agosto de 1153. El papa Alejandro III lo canonizó en 1174 y en 1830 Pío VIII lo proclamó doctor de la Iglesia. En 1953, en el octavo centenario de su muerte, Pío XII le dedicó la encíclica Doctor mellifluus.