
San Benito José Labre
Laico · 1748-1783
Laico, peregrino a los santuarios de Europa, penitente que vivía de limosnas
San Benito José Labre fue un peregrino y penitente francés. No logró permanecer en ninguno de los monasterios en los que ingresó, de modo que, como laico, caminó hasta los santuarios de Europa y pasó sus últimos años en Roma entre los pobres, viviendo de limosnas y rezando en las iglesias. La Iglesia lo recuerda el 16 de abril.
Nació el 26 de marzo de 1748 en Amettes, en el norte de Francia, y fue el mayor de quince hijos. Cuando tenía doce años, sus padres lo enviaron a estudiar con su tío paterno, párroco de Érin. Allí aprendió latín, pero cada vez lo atraía menos el saber que no llevaba directamente a Dios. En 1766 el tío murió durante una epidemia en la que ambos habían cuidado a los enfermos, y Benito volvió con sus padres.
Quería entrar en la orden más austera que conocía. Los trapenses de La Trapa le dijeron que era demasiado joven. Pasó seis semanas con los cartujos de Neuville y en noviembre de 1769 fue admitido en la abadía cisterciense de Sept-Fons. Allí, sin embargo, se resintió su salud y se juzgó que su vocación estaba en otra parte. En 1770 partió a pie hacia Roma. Desde el Piamonte escribió a sus padres una carta, la última que recibieron de él.
Durante el viaje comprendió que su monasterio debía ser el camino. Resolvió, a ejemplo de san Alejo, dejar su patria y vivir en penitencia en medio del mundo, peregrinando a los lugares santos, y sometió este propósito a sus confesores. Durante varios años fue de santuario en santuario: estuvo en Loreto, Asís y Bari, en Einsiedeln, en Suiza, y en Santiago de Compostela. Vestía un manto viejo y raído, llevaba un rosario al cuello y una cruz sobre el pecho, y en el saco el Nuevo Testamento, el breviario y la Imitación de Cristo. Dormía casi siempre al raso. Por lo general no pedía limosna, vivía de lo que le daban y entregaba lo que le sobraba a otros pobres.
Pasó los últimos seis años de su vida en Roma, de donde salía una vez al año en peregrinación a Loreto. Pasaba las noches en las ruinas del Coliseo y los días en las iglesias. Se le veía tan a menudo allí donde se celebraban las Cuarenta Horas ante el Santísimo Sacramento que los romanos lo llamaron el pobre de las Cuarenta Horas.
El Miércoles Santo, 16 de abril de 1783, se desplomó en las gradas de la iglesia de Santa Maria ai Monti. Un carnicero que vivía cerca lo llevó a su casa, y allí murió Benito esa misma noche. Los niños gritaban por las calles: «¡Ha muerto el santo!». Fue enterrado en la iglesia de Santa Maria ai Monti, y su confesor, el padre Marconi, escribió pronto su vida.
El papa Pío IX lo beatificó el 20 de mayo de 1860 y León XIII lo canonizó el 8 de diciembre de 1881. Los fieles lo veneran como patrono de las personas sin hogar y de los peregrinos. Benedicto XVI, que nació y fue bautizado un 16 de abril, lo llamó, el día en que cumplió ochenta y cinco años, uno de los santos más peculiares de la historia de la Iglesia. Dijo que este peregrino mendigo muestra que solo Dios basta.