
San Benito de Palermo
Fraile · † 1589
Religioso, hermano franciscano, antes ermitaño, copatrono de Palermo
San Benito de Palermo, llamado el Moro o el Negro (en italiano, il Moro), fue ermitaño y después hermano lego entre los franciscanos de Palermo. Descendiente de esclavos africanos y analfabeto, trabajó en la cocina del convento y se le confiaron también el cargo de superior y la formación de los novicios. Se lo conoce igualmente como Benito de San Fratello. El Martirologio Romano lo recuerda el 4 de abril.
Nació en San Fratello, cerca de Mesina, en Sicilia, hacia 1526; algunas fuentes indican el año 1524. Sus padres, Cristoforo y Diana, eran cristianos descendientes de esclavos traídos de África. Según muchos relatos, ellos mismos eran esclavos, y su amo prometió la libertad al hijo primogénito. Desde joven Benito cuidó rebaños y trabajó la tierra. A veces se burlaban de él por el color de su piel, pero quienes conocieron su bondad lo llamaban ya entonces el santo moro.
A los veintiún años vendió lo que poseía, dio el dinero a los pobres y se unió a los ermitaños que Girolamo Lanza había reunido en aquella región. La comunidad vivía según la regla de san Francisco y, en busca de soledad, se trasladó con el tiempo al monte Pellegrino, cerca de Palermo. A la muerte de Lanza, los hermanos eligieron a Benito como su superior.
En 1562 el papa Pío IV disolvió aquella comunidad y ordenó a los ermitaños que ingresaran en órdenes religiosas aprobadas. Benito eligió a los Hermanos Menores y fue recibido en el convento de Santa Maria di Gesù, en Palermo. Pasó los tres primeros años en el convento de Santa Ana, en Giuliana; después volvió a Palermo y permaneció allí veinticuatro años, hasta su muerte. Era hermano sin órdenes sagradas, no sabía leer ni escribir y trabajaba en la cocina.
Vivió austeramente, ayunando mucho y durmiendo poco. En 1578, aunque no era sacerdote, llegó a ser guardián, es decir, superior del convento. Aceptó el cargo por obediencia y lo ejerció durante tres años. Después fue maestro de novicios y finalmente volvió a la cocina. Acudían a él en busca de consejo y oración pobres y poderosos, entre ellos sacerdotes y teólogos. Los testigos del proceso de canonización hablaron de numerosas curaciones obtenidas por su intercesión.
En 1589 enfermó gravemente y, al cabo de unas semanas, murió el 4 de abril en el convento de Santa Maria di Gesù. Durante más de cuatro siglos su cuerpo reposó en la iglesia del convento. En julio de 2023 la iglesia fue destruida por un incendio que no perdonó las reliquias del santo.
Su culto se difundió rápidamente desde Sicilia por Italia, España y Portugal, y llegó también a América Latina, donde lo amaron de modo especial los descendientes de africanos. Palermo lo venera como copatrono de la ciudad junto a santa Rosalía. El papa Benedicto XIV lo beatificó el 15 de mayo de 1743 y Pío VII lo canonizó el 24 de mayo de 1807 en la Basílica Vaticana. En Brasil, donde figura entre los santos más queridos, se lo recuerda el 5 de octubre.