
San Benito de Nursia
Monje
Abad, autor de la Regla, patriarca de los monjes de Occidente, patrono de Europa
San Benito de Nursia fue abad, fundador del monasterio de Montecasino y autor de la Regla, que se difundió por todo Occidente. El Martirologio Romano lo llama patriarca de los monjes de Occidente, y Pablo VI lo proclamó patrono de Europa. La Iglesia lo recuerda el 11 de julio.
La fuente más importante sobre su vida es el segundo libro de los «Diálogos» del papa Gregorio Magno, escrito unos cincuenta años después de la muerte de Benito. Nació hacia el año 480 en la provincia de Nursia, en una familia respetada y acomodada. Sus padres lo enviaron a estudiar a Roma, pero, disgustado por la vida disoluta de muchos de sus compañeros, abandonó los estudios porque, como escribe Gregorio, deseaba agradar solo a Dios.
Se estableció en Subiaco, en los montes al este de Roma, y durante tres años vivió solo en una cueva, en torno a la cual surgió más tarde el monasterio del Sacro Speco. Cuando se difundió la fama de su santidad, los monjes de un monasterio cercano lo convencieron para que fuera su abad, pero no soportaron sus exigencias y le dieron vino envenenado. Según Gregorio, el recipiente se rompió cuando Benito trazó sobre él la señal de la cruz. Volvió a la soledad y con el tiempo reunió tantos discípulos que fundó en la zona doce monasterios, cada uno con doce monjes.
Según la tradición, en el año 529 se trasladó con algunos monjes a Montecasino. En el monte se alzaba todavía un templo de Apolo, venerado por la población del lugar. Benito destrozó el ídolo y derribó el altar, convirtió el templo en un oratorio de san Martín y, donde había estado el altar, levantó un oratorio de san Juan Bautista, y anunció el Evangelio a los habitantes. Así nació la abadía, cuna de la familia benedictina.
Allí escribió la Regla. Gregorio la alababa por su discreción y la claridad de su lenguaje y añadía que el santo no podía enseñar de otro modo que como vivía. La Regla llama al monasterio escuela del servicio del Señor y pide no anteponer nada al amor de Cristo. Une la oración común, llamada Obra de Dios, con la lectura y el trabajo manual, y pide acoger a los huéspedes, a los pobres y a los enfermos como al mismo Cristo.
Benito anunció a sus discípulos el día de su muerte. Seis días antes mandó abrir su sepulcro y le sobrevino la fiebre. Al sexto día se hizo llevar al oratorio, recibió el Cuerpo y la Sangre del Señor y, sostenido por sus discípulos, entregó el espíritu de pie, con las manos levantadas al cielo. Según la tradición murió el 21 de marzo, probablemente hacia el año 547. Fue depositado en el sepulcro donde antes había sepultado a su hermana, santa Escolástica.
Es venerado como santo desde hace siglos, mucho antes de que existiera el proceso de canonización. A causa de la Cuaresma, su memoria se trasladó del 21 de marzo al 11 de julio, día que ya le estaba dedicado en algunos lugares desde la alta Edad Media. El 24 de octubre de 1964, al consagrar la basílica de Montecasino, reconstruida tras su destrucción en 1944, Pablo VI lo proclamó patrono principal de toda Europa.