San Arsenio el Grande

Ermitaño

Diácono, ermitaño en Escete, padre del desierto

San Arsenio el Grande fue uno de los padres del desierto más conocidos. Dejó la vida de la corte imperial en Constantinopla y durante más de medio siglo vivió como ermitaño en Egipto. La colección de los apotegmas, los dichos de los padres del desierto, conserva varias decenas de sus palabras y de relatos sobre él. La Iglesia lo recuerda el 8 de mayo.

Nació en Roma hacia el año 354 en una familia senatorial y recibió una esmerada educación, sobre todo en la literatura griega. El Martirologio Romano transmite que fue diácono de la Iglesia de Roma. Según la tradición, el emperador Teodosio el Grande lo llevó a Constantinopla hacia el año 383 como preceptor de su hijo Arcadio y, más tarde, también del joven Honorio. En la corte lo rodeaban honores y lujo.

Sin embargo, deseaba cada vez más dejar el mundo. Los apotegmas cuentan que, cuando pedía a Dios que le mostrara el camino de la salvación, oyó una voz: «Arsenio, huye de los hombres y serás salvo». Hacia el año 394 se embarcó en secreto hacia Alejandría y se dirigió al desierto de Escete, donde se puso bajo la guía del abba Juan el Enano. Según el relato, Juan puso a prueba la humildad del antiguo cortesano: durante una comida le arrojó a los pies un trozo de pan, y Arsenio lo recogió en silencio y lo comió sentado en el suelo.

Según la misma colección, en el desierto Arsenio oyó de nuevo la llamada a huir, a callar y a orar siempre, porque esas son las fuentes de una vida sin pecado. Y así vivió. Tejía esteras de hojas de palmera y nunca cambiaba el agua en la que las remojaba, sino que solo añadía agua fresca; soportaba su hedor como penitencia por los perfumes que había usado en la corte. A menudo lloraba en la oración. Evitaba a los visitantes, incluso a los ilustres, y dejaba a sus discípulos el cuidado de recibirlos. Se le atribuye la frase de que muchas veces se había arrepentido de haber hablado, pero nunca de haber callado.

Después de que tribus nómadas devastaran Escete en varias ocasiones, Arsenio la abandonó hacia el año 434. Se estableció en Troe, cerca de Menfis, y vivió también un tiempo en Canopo, junto a Alejandría. Murió en Troe a mediados del siglo V; suele indicarse el año 449 o el 450, pero en los estudios se encuentran también otras fechas. Según la tradición vivió unos 95 años.

Arsenio es venerado como santo desde la antigüedad, sin canonización formal, en Occidente y en Oriente. El Martirologio Romano dice que se retiró al desierto en tiempos del emperador Teodosio y allí, perfecto en todas las virtudes, entregó su espíritu a Dios. La edición anterior del Martirologio situaba su memoria el 19 de julio; la actual la traslada al 8 de mayo, día en que también la celebran las Iglesias orientales.