San Apolinar de Rávena
Obispo
Obispo y mártir, primer pastor de la Iglesia de Rávena
San Apolinar fue el primer obispo de Rávena y uno de los primeros pastores de todo el norte de Italia. La Iglesia lo venera como mártir y lo recuerda el 20 de julio, aunque el Martirologio Romano indica que murió el 23 de julio.
Se sabe muy poco de su vida. El Misal Romano lo sitúa en la segunda mitad del siglo II, y algunos historiadores colocan su ministerio entre finales del siglo II y comienzos del III. No conocemos ni su origen ni los años de su nacimiento y de su muerte. Es seguro, en cambio, que en Rávena fue venerado desde tiempos muy antiguos como primer obispo de la ciudad y como mártir.
El testimonio más antiguo de este culto es un sermón de san Pedro Crisólogo, uno de sus sucesores, que fue obispo de Rávena en el siglo V. Lo predicó en la fiesta de Apolinar, llamándolo primer obispo de la ciudad y mártir. El Martirologio, por su parte, dice que como buen pastor fue delante de su rebaño y que, según la tradición, honró a la Iglesia de Rávena en Classe con la gloria del martirio.
Los relatos detallados de su vida proceden de una Pasión escrita solo en el siglo VII, probablemente bajo el obispo Mauro, cuando Rávena intentaba demostrar los orígenes apostólicos de su Iglesia. Según esta leyenda, Apolinar procedía de Antioquía, era discípulo de san Pedro y fue enviado por él a Rávena. Golpeado y expulsado de la ciudad varias veces, habría muerto en Classe siete días después de una última paliza. Los historiadores no atribuyen valor histórico a estos detalles.
Apolinar fue sepultado en Classe, entonces puerto de Rávena. En el siglo VI se edificó sobre su sepulcro la basílica de Sant'Apollinare in Classe, consagrada en el año 549. En su ábside se conserva un mosaico que lo representa con los brazos alzados en oración, entre doce ovejas. Juan Pablo II, al visitar Rávena en 1986, habló de él como del primer obispo en quien la Iglesia de Rávena reconoce a su padre espiritual, y de los trabajos y sufrimientos con los que puso sólidos cimientos a la historia cristiana de la ciudad.
Apolinar no fue canonizado en el sentido actual de la palabra, porque la Iglesia lo venera desde la Antigüedad. La tercera edición del Misal Romano, publicada en 2002, inscribió su memoria en el Calendario Romano General como memoria libre. La oración colecta del día pide que los fieles recorran el camino de salvación que el obispo Apolinar mostró con su enseñanza y su martirio.