San Andrés Bobola
Sacerdote · 1591-1657
Presbítero y mártir, jesuita, misionero de Polesia, patrono de Polonia
San Andrés Bobola fue un jesuita polaco, predicador y misionero, que en 1657 sufrió el martirio a manos de los cosacos. El Martirologio romano lo presenta como un sacerdote que se esforzó con empeño por la unidad de los cristianos. Su memoria se celebra el 16 de mayo, día de su muerte; en Polonia, de la que es uno de los patronos, ese día tiene rango de fiesta.
Nació en 1591 en una familia noble, fiel a la fe católica. Estudió en la escuela de un colegio jesuita fundado por su tío paterno Andrés. En 1611 ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en Vilna y en 1613 emitió los primeros votos. El papa Pío XII escribió que por naturaleza era orgulloso, impaciente y a veces obstinado, y que aprendió la humildad en una larga lucha consigo mismo.
Tras los estudios de filosofía enseñó a los jóvenes en los colegios jesuitas de Braniewo y Pułtusk, y después volvió a Vilna para estudiar teología. Fue ordenado sacerdote el 12 de marzo de 1622, el día en que en Roma fueron canonizados san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier. Ejerció el ministerio pastoral en Vilna y en Bobruisk. Durante las epidemias de peste de 1625 y 1629 sirvió a los enfermos con riesgo de su vida. Sus sermones atraían multitudes, y la gente lo llamaba apóstol y cazador de almas. En 1630 hizo la profesión religiosa solemne.
A mediados del siglo XVII la República de las Dos Naciones estaba devastada por las guerras, y las tropas cosacas destruían iglesias y monasterios y mataban a sacerdotes y fieles. Andrés trabajaba entonces como misionero en la región de Pinsk, en Polesia. Condujo a muchas personas a la unidad con la Iglesia católica, lo que despertó la ira de sus adversarios.
El 16 de mayo de 1657 los cosacos lo apresaron cerca de Janów, no lejos de Pinsk. Golpeado y atado a un caballo, fue arrastrado hasta Janów. Al preguntarle si era un sacerdote latino, respondió que era sacerdote católico, que había nacido en la fe católica y en ella quería morir, y exhortó a sus perseguidores a convertirse. Entonces fue sometido a crueles torturas, hasta que por fin uno de los verdugos lo remató.
El cuerpo del mártir fue sepultado en Pinsk. Tras años de olvido, en 1702 fue hallado incorrupto. En 1808 fue trasladado a Polotsk, y después de la revolución los bolcheviques lo llevaron a Moscú. Pío XI hizo traer las reliquias a Roma en 1923, y después de la canonización fueron llevadas a Varsovia, donde reposan en el santuario que lleva su nombre.
Pío IX lo beatificó el 30 de octubre de 1853, y Pío XI lo canonizó el 17 de abril de 1938, domingo de Pascua, con la esperanza de que el santo alcanzara la unidad del Oriente y el Occidente cristianos. En el tercer centenario de su muerte Pío XII le dedicó la encíclica Invicti athletae Christi. En 1992 Juan Pablo II lo proclamó patrono de la provincia eclesiástica de Varsovia, y en 2002 la Santa Sede lo confirmó como patrono secundario de Polonia.