San Andrés Bessette

Fraile · 1845-1937

Religioso, portero de un colegio en Montreal, fundador del Oratorio de San José

San Andrés Bessette, conocido como el hermano Andrés, fue un religioso canadiense de la Congregación de Santa Cruz. Durante casi cuarenta años fue portero de un colegio de Montreal, y su oración con los enfermos y su devoción a san José dieron origen al Oratorio de San José del Monte Real. La Iglesia lo recuerda el 6 de enero.

Nació el 9 de agosto de 1845 en Saint-Grégoire, en Quebec, en una familia numerosa y pobre, y en el bautismo recibió el nombre de Alfred. Su padre murió en 1855, aplastado por un árbol que estaba talando, y su madre murió dos años después. El huérfano de doce años fue acogido por unos parientes en Saint-Césaire. A causa de la pobreza y de su mala salud apenas pudo ir a la escuela.

Probó muchos oficios: trabajó en el campo, fue aprendiz de panadero y de zapatero, y en 1863 partió a los Estados Unidos, donde trabajó durante cuatro años en las fábricas textiles de Nueva Inglaterra. Tras su regreso, en 1867, se fijó en él el párroco de Saint-Césaire, el padre André Provençal, quien lo recomendó a la Congregación de Santa Cruz con estas palabras: «Les envío a un santo».

En 1870 Alfred se presentó en el noviciado del Collège Notre-Dame de Montreal y tomó el nombre de André, en español Andrés, en honor de su párroco. Los superiores dudaban en admitir a los votos a un hombre tan enfermizo, pero el maestro de novicios juzgó que, si llegaba a no poder trabajar, al menos sabría rezar bien. El hermano Andrés hizo sus primeros votos en 1872 y los votos perpetuos el 2 de febrero de 1874. Se le confió la portería del colegio. Más tarde bromeaba diciendo que después del noviciado sus superiores le habían enseñado la puerta y que allí se había quedado cuarenta años.

A la portería comenzaron a acudir enfermos y afligidos. El hermano Andrés rezaba con ellos, los encomendaba a san José, les daba una medalla del santo y les aconsejaba ungirse con el aceite de la lámpara que ardía ante su imagen. Muchos hablaron después de curación. La afluencia de enfermos inquietaba a los padres de los alumnos y a una parte de sus hermanos de comunidad, y algunos llamaban charlatán al portero. Él mismo repetía que no era él quien curaba, sino san José. Solía decir también: «No busquen que les quiten las pruebas; pidan más bien la gracia de soportarlas bien».

En octubre de 1904, en la ladera del Monte Real, frente al colegio, se abrió una pequeña capilla en honor de san José. Los peregrinos aumentaban con tal rapidez que fue ampliada varias veces, y en 1909 el hermano Andrés dejó de ser portero y pasó a ser custodio del oratorio. La gran basílica no se terminó hasta después de su muerte.

Murió el 6 de enero de 1937 en el hospital de Saint-Laurent, cerca de Montreal, a los 91 años. En una semana, cerca de un millón de personas desfilaron ante su féretro. Sobre su tumba, en el oratorio, están escritas las palabras «Pauper, servus et humilis», es decir, «Pobre, siervo y humilde». Juan Pablo II lo beatificó el 23 de mayo de 1982 y Benedicto XVI lo canonizó el 17 de octubre de 2010. En Canadá su memoria se celebra el 7 de enero.