
San Abraham
Patriarca, padre de todos los creyentes, amigo de Dios
San Abraham es el patriarca y padre de todos los creyentes. El Martirologio Romano lo recuerda el 9 de octubre y evoca que, a la llamada del Señor, dejó su ciudad natal de Ur, en Caldea, y que, «esperando contra toda esperanza», no se negó a ofrecer en sacrificio a Isaac, el hijo que Dios le había dado en su vejez. Su historia se narra en el libro del Génesis. La Escritura no da las fechas de su vida.
Su primer nombre era Abram. Su esposa Saray era estéril. Dios lo llamó a dejar su tierra, su parentela y la casa de su padre, y le prometió hacer de él un gran pueblo, por medio del cual serían bendecidos todos los pueblos de la tierra. A los setenta y cinco años, Abram partió de Jarán, adonde la familia se había trasladado antes desde Ur, y llegó a Canaán con Saray y su sobrino Lot. El Catecismo lo llama hombre del silencio, que en cada etapa de su camino construía un altar al Señor.
La Escritura no calla su debilidad: en Egipto, temiendo por su propia vida, hizo pasar a Saray por su hermana. Más tarde Dios le pidió que mirara al cielo y contara las estrellas, porque así de numerosa sería su descendencia. Abram creyó al Señor, y se le contó como justicia. Por consejo de Saray tomó a su esclava Agar, que le dio a Ismael. Al hacer con él una alianza, Dios le dio el nombre de Abraham, es decir, padre de una multitud de pueblos, y llamó a Saray Sara.
Junto a las encinas de Mambré, Abraham acogió con generosa hospitalidad a tres misteriosos visitantes, que anunciaron que Sara daría a luz un hijo. El Catecismo ve en esta hospitalidad el preludio de la anunciación del verdadero Hijo de la promesa. Después Abraham intercedió ante Dios por Sodoma. Benedicto XVI subrayaba que este amigo de Dios pidió perdón para toda la ciudad. Cuando él tenía cien años, Sara dio a luz a Isaac. Más tarde, a petición de ella, Abraham despidió a Agar con Ismael; Dios los salvó en el desierto.
Entonces Dios puso a prueba a Abraham y le mandó ofrecer a Isaac en sacrificio sobre un monte del país de Moria. Abraham fue, y cuando su hijo le preguntó por el cordero, respondió que Dios mismo lo proveería. El ángel del Señor detuvo su mano, y en lugar del hijo se ofreció un carnero. La Carta a los Hebreos dice que Abraham creía que Dios tiene poder para resucitar incluso a los muertos. Según el Catecismo, el padre de los creyentes se hace aquí conforme al Padre que no perdonará a su propio Hijo.
Abraham sepultó a Sara en la cueva de Macpela, cerca de Hebrón. Murió en buena vejez, y sus hijos Isaac e Ismael lo depositaron en el mismo sepulcro. San Pablo lo llama padre de todos los creyentes, y Santiago, amigo de Dios. El Canon Romano recuerda su sacrificio junto a los dones de Abel y de Melquisedec. El papa Francisco recordaba que Abraham está presente en las tradiciones espirituales del judaísmo, del cristianismo y del islam, y en 2021 oró en Ur con creyentes de distintas religiones. Abraham nunca fue canonizado formalmente. La Iglesia lo venera como santo, al igual que a los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento.