Beatos Juan María du Lau y compañeros, mártires de septiembre de 1792
† 1792
Mártires, clérigos y laicos, víctimas de las matanzas de septiembre en París
Los beatos Juan María du Lau y compañeros son 191 mártires asesinados en París a comienzos de septiembre de 1792, durante la Revolución francesa. La Iglesia pone a su cabeza a tres obispos: el arzobispo de Arlés Juan María du Lau y los hermanos Francisco José y Pedro Luis de La Rochefoucauld, obispos de Beauvais y de Saintes. El Martirologio Romano conmemora a la mayoría de ellos el 2 de septiembre, y a los que murieron un día después, el 3 de septiembre.
En 1790 las autoridades revolucionarias de Francia aprobaron la Constitución civil del clero y exigieron a los eclesiásticos un juramento de fidelidad a sus disposiciones. El papa Pío VI condenó esa ley, y muchos obispos y sacerdotes se negaron a prestar el juramento. Tras la caída de la monarquía, el 10 de agosto de 1792, comenzaron en París los arrestos de eclesiásticos. Fueron encerrados, entre otros lugares, en el convento de los carmelitas de la calle de Vaugirard, en la prisión de la abadía de Saint-Germain-des-Prés, en el seminario de Saint-Firmin y en la prisión de La Force.
El 2 de septiembre, hombres armados irrumpieron en el convento de los carmelitas. Los asesinos, que se hacían pasar por un tribunal, llamaban a los presos uno por uno y les exigían el juramento, y a los que se negaban los mataban en el jardín. El arzobispo du Lau fue atravesado con una espada, y el obispo de Beauvais, herido de muerte, cayó sin vida sobre el cuerpo de su hermano, ya asesinado. Los cuerpos de la mayoría de las víctimas fueron arrojados a un pozo del jardín. Allí murieron unos ciento quince presos; la Iglesia ha declarado beatos a noventa y cinco de ellos.
De los demás beatos, veintiuno fueron asesinados ese mismo día en la prisión de la Abadía, setenta y dos el 3 de septiembre en el seminario de Saint-Firmin, antigua casa de la Congregación de la Misión de san Vicente de Paúl, y tres en la prisión de La Force. Entre los mártires había párrocos, vicarios y canónigos, profesores y superiores de seminarios, muchos antiguos jesuitas, el superior general de los benedictinos de la Congregación de San Mauro, y también diáconos y algunos laicos.
El único de ellos que hoy es santo es el hermano Salomón Leclercq, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, nacido en 1745 en Boulogne-sur-Mer. Era secretario del superior general y fue el único que permaneció en la casa de la congregación en París cuando los demás hermanos tuvieron que abandonarla. Arrestado el 15 de agosto de 1792, fue asesinado en el jardín de los carmelitas el 2 de septiembre. Pocos días antes había escrito a una de sus hermanas que las cruces y las aflicciones deben acogerse con alegría y gratitud. El papa Francisco lo canonizó el 16 de octubre de 2016.
Desde el principio, a los asesinados se los llamó mártires. En 1916 Benedicto XV aprobó la introducción de su causa, y Pío XI, tras reconocer que habían muerto únicamente a causa de su fe, beatificó a los 191 mártires el 17 de octubre de 1926. Parte de sus restos descansa hoy en la cripta de la iglesia de Saint-Joseph-des-Carmes, en París, donde los fieles los veneran.