Beatos Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles
† 1700
Mártires, catequistas zapotecos, esposos y padres
Los beatos Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles fueron laicos indígenas del pueblo zapoteco, esposos y padres de familia de San Francisco Cajonos, en el estado mexicano de Oaxaca, y catequistas que colaboraban con los dominicos. Fueron asesinados en 1700 porque no quisieron renegar de la fe católica. El Martirologio Romano los recuerda el 15 de septiembre.
Ambos nacieron hacia 1660 en San Francisco Cajonos, en la sierra norte de Oaxaca, y pertenecían a una parroquia atendida por los dominicos. Juan Bautista se casó con Josefa de la Cruz, con quien tuvo una hija, Rosa. Jacinto, descendiente de una importante familia indígena, se casó con Petrona y tuvo con ella dos hijos. Sus vecinos apreciaban su integridad. Desempeñaron sucesivamente los cargos acostumbrados en el pueblo, hasta el de alcalde, y en la iglesia sirvieron como acólitos y sacristanes.
Finalmente se les confió el cargo de fiscal, que los misioneros introdujeron conforme a lo dispuesto por el III Concilio Provincial Mexicano de 1585: en cada pueblo se elegía a un hombre de costumbres irreprochables que, junto a los párrocos, velaba por la fe y la moralidad de la comunidad. La noche del 14 de septiembre de 1700, los fiscales supieron que en una casa vecinos de San Francisco Cajonos y de los pueblos cercanos estaban celebrando un rito de la religión ancestral. Avisaron a los dominicos y después, junto con ellos y con un capitán que representaba a la autoridad, interrumpieron la reunión y llevaron los objetos del culto al convento.
Al día siguiente los vecinos se amotinaron y exigieron la devolución de los objetos y la entrega de los fiscales. Por la noche una multitud armada rodeó el convento, donde se habían refugiado los frailes, los fiscales y el capitán, y amenazó con matar a todos e incendiar el edificio. El capitán aceptó entregar a los fiscales a cambio de la promesa de respetar sus vidas, aunque los dominicos se opusieron. Los fiscales depusieron las armas, se confesaron y recibieron la Comunión. Juan Bautista dijo: «Vamos a morir por la ley de Dios». Sus verdugos los golpearon y les prometieron la libertad si renegaban de su fe. Respondieron: «Una vez que hemos profesado el Bautismo, seguiremos siempre la religión verdadera».
El 16 de septiembre de 1700 fueron llevados a un monte cercano a Santo Domingo Xagacía, llamado hoy Monte Fiscal-Santos. Los arrojaron por la ladera, los golpearon con palos y los mataron a machetazos, y les arrancaron el corazón y lo echaron a los perros. En 1889 el obispo de Oaxaca Eulogio Gillow trasladó sus restos a la catedral de Oaxaca, donde son venerados hasta hoy.
Juan Pablo II los beatificó el 1 de agosto de 2002 en la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la Ciudad de México. En la homilía los presentó como modelos de fidelidad al Bautismo, de vida matrimonial y familiar y de servicio honrado al bien común, y como fruto de la evangelización de Oaxaca. En la fórmula de beatificación fijó su fiesta el 18 de septiembre, pero el Martirologio Romano los recuerda el 15 de septiembre.