Beatos Józef Kurzawa y Wincenty Matuszewski

† 1940

Presbíteros y mártires, párroco y vicario de Osięciny

Los beatos Józef Kurzawa y Wincenty Matuszewski eran los pastores de la parroquia de la Protección de la Madre de Dios en Osięciny, en Cuyavia, en la diócesis de Włocławek. Wincenty era su párroco, y Józef su vicario. En la noche que siguió a la procesión del Corpus Christi de 1940, los ocupantes alemanes se los llevaron de la casa parroquial y los mataron a tiros cerca de la aldea de Witowo. El Martirologio romano los recuerda juntos el 23 de mayo, porque las actas de la Santa Sede indican ese día como fecha de su muerte.

Wincenty Matuszewski nació el 3 de marzo de 1869 en las cercanías de Kutno y fue ordenado sacerdote en 1895. Trabajó, entre otros lugares, en Widawa, Nieszawa y Częstochowa, y en 1918 fue nombrado párroco de Osięciny. Sus feligreses lo recordaban como un sacerdote que pasaba largas horas en el confesionario, enseñaba religión a los niños y ayudaba a los más pobres. También los judíos y los alemanes de Osięciny lo respetaban. Como su salud decaía, desde 1932 contó con la ayuda de vicarios.

Józef Kurzawa nació el 6 de enero de 1910 cerca de Kalisz. Entró en el seminario de Włocławek y fue ordenado sacerdote en junio de 1936. El 1 de agosto de ese año fue nombrado vicario en Osięciny y profesor de religión en la escuela del lugar. Jugaba al fútbol y al voleibol con los jóvenes, cantaba bien y predicaba sermones que sus feligreses recordaban.

En septiembre de 1939 los alemanes entraron en Osięciny. Cuando tomaron más de veinte rehenes, el párroco estaba entre ellos. Rechazó la manta y la almohada que le llevaron, porque quería compartir la suerte de sus compañeros de cautiverio. En la primavera de 1940 por orden del nuevo alcalde comisario y del jefe de la policía local se registró de noche la casa parroquial con el pretexto de buscar armas. El antiguo alcalde advirtió a los sacerdotes, pero el párroco habría respondido: «No los abandonaré, hijos». Instó al joven vicario a marcharse. Józef se fue, pero pronto regresó, porque no quería dejar solo al párroco.

El 23 de mayo de 1940, solemnidad del Corpus Christi, los sacerdotes encabezaron una procesión eucarística por Osięciny. Al anochecer volvieron a advertirles. Pasada la medianoche, el alcalde y el jefe de policía sacaron a los dos sacerdotes de la casa parroquial y los llevaron a un automóvil. Unos testigos vieron a Józef cubrir con su cuerpo al párroco para protegerlo de los golpes. En el camino a Witowo los sacerdotes fueron muertos a tiros y sus cuerpos abandonados en una cuneta junto a la carretera. Muchos feligreses creían que los habían matado en represalia por aquella procesión. Fueron sepultados en una misma tumba en el cementerio de Osięciny.

Desde el principio los fieles acudían a rezar ante su tumba, y más tarde se los llamó mártires de la Eucaristía y de la unidad sacerdotal. Juan Pablo II los beatificó el 13 de junio de 1999 en Varsovia entre los 108 mártires de la Segunda Guerra Mundial, cuya memoria común fijó el 12 de junio. En su homilía habló de los sacerdotes que murieron porque no quisieron abandonar su ministerio. En 2001 sus restos fueron trasladados a la iglesia parroquial de Osięciny.