Beato Tomás Percy
Mártir · 1528-1572
Mártir, conde de Northumberland, esposo y padre
El beato Tomás Percy fue un noble inglés, conde de Northumberland, esposo y padre. En 1572 fue decapitado en York porque no quiso salvar la vida al precio de renegar de la fe católica. La Iglesia lo recuerda el 22 de agosto.
Nació en 1528, hijo primogénito de sir Thomas Percy. Era todavía un niño cuando, en 1537, su padre fue ejecutado en Londres por haber tomado parte en la Peregrinación de Gracia, un levantamiento del norte de Inglaterra contra Enrique VIII. La familia perdió entonces el título y los bienes. En 1549 Tomás fue restituido en sus derechos familiares y, bajo la reina católica María I, recuperó la herencia de sus antepasados: en 1557 recibió el título de conde de Northumberland y se le confió la guarda de la frontera con Escocia.
Se casó con Ana Somerset, hija del conde de Worcester. De su matrimonio nacieron varios hijos; una de sus hijas, María, llegó a ser más tarde monja benedictina en Bruselas. Bajo Isabel I, mientras su primer Parlamento aprobaba leyes dirigidas contra los católicos, el conde permaneció fiel a la Iglesia y no lo ocultó. La reina aún le mostraba su favor y en 1563 lo admitió en la Orden de la Jarretera, pero su apego a la antigua fe despertaba la desconfianza de los consejeros de la reina.
Cuando en 1568 María Estuardo, reina de Escocia, se refugió en Inglaterra, la nobleza católica del norte comenzó a planear su liberación. En noviembre de 1569 Tomás Percy, junto con el conde de Westmorland, se puso al frente de un levantamiento, llamado después Levantamiento del Norte. Su objetivo era liberar a María Estuardo y restablecer la libertad del culto católico, pero era al mismo tiempo una revuelta armada contra la reina, con fines también políticos. Al cabo de pocas semanas el levantamiento fracasó y el conde huyó a Escocia.
En Escocia fue capturado y permaneció prisionero más de dos años. En agosto de 1572 las autoridades escocesas lo entregaron a los ingleses por dos mil libras y fue conducido a York. Un decreto de la Santa Sede de 1895 afirma que se le ofrecieron la vida y honores si abandonaba la fe, y que él prefirió valientemente el martirio. Fue decapitado en York el 22 de agosto de 1572. El Martirologio Romano recuerda que obtuvo la palma del martirio por mantenerse fiel a la Iglesia Romana.
La Iglesia lo venera como mártir precisamente porque rechazó salvarse al precio de la apostasía. El 13 de mayo de 1895 el papa León XIII confirmó su culto y lo contó entre los beatos, junto con tres abades y cuatro monjes benedictinos y el caballero Adrián Fortescue.