Beato Rupert Mayer

Sacerdote · 1876-1945

Presbítero, jesuita, apóstol de Múnich, prisionero en Sachsenhausen

El beato Rupert Mayer fue un jesuita alemán, predicador y protector de los pobres, llamado apóstol de Múnich. Por su abierta oposición al nacionalsocialismo fue encarcelado, enviado a un campo de concentración y apartado de los fieles. El Martirologio Romano lo recuerda el 1 de noviembre, día de su muerte.

Nació el 23 de enero de 1876 en Stuttgart, en la numerosa familia de un comerciante. Al terminar el bachillerato quería ingresar en los jesuitas, pero por deseo de su padre fue primero sacerdote de su diócesis natal de Rottenburg. Fue ordenado sacerdote el 2 de mayo de 1899. El 1 de octubre de 1900 comenzó el noviciado en Feldkirch, en Austria, porque los jesuitas estaban entonces prohibidos en el Imperio alemán.

Durante varios años predicó misiones populares en diversas regiones de Alemania. En 1912 el arzobispo de Múnich le confió la atención pastoral de los recién llegados que afluían de todas partes a la capital de Baviera. En aquel tiempo el padre Mayer colaboró en la fundación de la congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia. Durante la Primera Guerra Mundial fue capellán militar. El 30 de diciembre de 1916 fue gravemente herido en Rumania y perdió la pierna izquierda.

En 1921 fue puesto al frente de la Congregación Mariana de Hombres de Múnich. Predicaba hasta setenta veces al mes y confesaba durante horas. En 1925 introdujo las misas dominicales para los viajeros en la estación central. Los pobres lo llamaban su decimoquinto santo auxiliador, en alusión a los Catorce santos auxiliadores venerados en Baviera.

Desde el principio dijo abiertamente, también en reuniones públicas, que las ideas de los nacionalsocialistas eran incompatibles con el cristianismo. No calló después de 1933, aunque la policía escuchaba sus sermones. En 1937 se le prohibió hablar en público y fue detenido. Un tribunal especial lo condenó a seis meses de prisión con suspensión de la pena. Cuando volvió a subir al púlpito, cumplió la pena en Landsberg de enero a mayo de 1938. En un cuestionario de la prisión escribió que no consideraba su suerte una deshonra, sino la coronación de su vida.

El 3 de noviembre de 1939 fue detenido por tercera vez y llevado sin juicio al campo de concentración de Sachsenhausen. Cuando su salud empeoró, las autoridades no quisieron que muriera en el campo como mártir. En agosto de 1940 fue trasladado a la abadía benedictina de Ettal, donde vivió aislado hasta el final de la guerra, casi sin contacto con los fieles. Este silencio forzado fue para él el sacrificio más duro.

El 11 de mayo de 1945 regresó a Múnich, destruida por los bombardeos. En la solemnidad de Todos los Santos, el 1 de noviembre de 1945, mientras predicaba durante la santa misa, sufrió un derrame cerebral. Se interrumpió repitiendo la palabra «Señor» y murió poco después. Fue sepultado en el cementerio de los jesuitas de Pullach y en 1948 fue trasladado a la cripta de la iglesia del Bürgersaal en Múnich. Juan Pablo II lo beatificó el 3 de mayo de 1987 en el Estadio Olímpico de la ciudad. En Múnich y en la Compañía de Jesús su memoria se celebra el 3 de noviembre.