Beato Rafael Chyliński

Sacerdote · 1694-1741

Presbítero, franciscano conventual, servidor de los enfermos y los pobres

El beato Rafael Chyliński fue un franciscano conventual y sacerdote polaco, apreciado confesor, predicador y protector de los pobres. La Iglesia lo recuerda sobre todo por su servicio a los enfermos durante la peste en Cracovia. El Martirologio Romano lo conmemora el 2 de diciembre, día de su muerte.

Nació en enero de 1694 en la aldea de Wysoczka, en la Gran Polonia, en una familia noble de condición modesta, y en el bautismo recibió el nombre de Melchor. Las fuentes no coinciden en el día: la carta apostólica de beatificación indica el 8 de enero, y los estudiosos de su vida el 6 de enero, solemnidad de la Epifanía. Estudió en la escuela parroquial de la cercana Buk y después en el colegio de los jesuitas de Poznań. En 1712, durante la gran guerra del Norte, se alistó en el ejército, donde fue alférez. No se sabe con certeza en qué bando sirvió.

Al cabo de tres años dejó el ejército y en 1715 ingresó en Cracovia en los franciscanos conventuales. El 4 de abril recibió el hábito y el nombre religioso de Rafael. Emitió los votos el 26 de abril de 1716 y en 1717 fue ordenado sacerdote. Sus superiores lo enviaron sucesivamente a muchos conventos, entre ellos Radziejów, Kalisz, Gniezno, Poznań y Warka. En todas partes predicaba, enseñaba las verdades de la fe y pasaba largas horas en el confesionario.

En 1728 se estableció en el convento de Łagiewniki, hoy parte de la ciudad de Łódź. Vivía con gran pobreza, ayunaba y hacía penitencia, y cada día rezaba el oficio en honor de la Madre de Dios. A los pobres que acudían al convento les repartía comida y ropa; cuando ya no tenía nada más, les daba su propia ración de pan o su propio manto. A sus hermanos y a los laicos les repetía cuán bueno es Dios y cuánto hay que servirle.

En 1736 fue trasladado a Cracovia, donde se extendía la peste. A petición propia asumió el servicio a los contagiados. Durante toda la epidemia los visitaba mañana y tarde, les llevaba ayuda, los confesaba y los preparaba para la muerte, sin preocuparse por su propia seguridad. Cuando la peste cesó en 1738, volvió a Łagiewniki y se dedicó de nuevo a los pobres y a los enfermos.

Agotado por el trabajo y la enfermedad, pasó las últimas semanas de su vida postrado en cama y soportó el sufrimiento con paciencia. Murió en Łagiewniki el 2 de diciembre de 1741, a los cuarenta y siete años. Fue sepultado en la iglesia de los franciscanos del lugar, donde hasta hoy se veneran sus reliquias. Las personas a las que había ayudado comenzaron enseguida a pedir su intercesión ante Dios.

Ya en 1761 se iniciaron las gestiones para su beatificación, pero las interrumpieron las particiones de Polonia. El 13 de mayo de 1949 el papa Pío XII confirmó la heroicidad de las virtudes del padre Rafael. Para la beatificación se reconoció como milagro la curación repentina de un noble de Varsovia en 1764. Juan Pablo II lo proclamó beato el 9 de junio de 1991 en Varsovia. Dijo entonces que la vida oculta de este religioso había sido, en los tristes tiempos de los reyes sajones, una protesta y una expiación por lo que destruía a Polonia.