
Beato Fra Angélico
Sacerdote · † 1455
Presbítero, dominico, pintor, patrono de los artistas
El beato Fra Angélico, llamado en la liturgia Juan de Fiésole, fue dominico, sacerdote y gran pintor de la Italia del siglo XV. El Martirologio Romano dice de él que, siempre unido a Cristo, expresó en sus pinturas lo que contemplaba en su interior, para elevar la mente de los hombres a las realidades celestiales. La Iglesia lo recuerda el 18 de febrero.
Nació a finales del siglo XIV en Vicchio, en el Mugello, en Toscana, y en el bautismo recibió el nombre de Guido. No se conoce el año exacto de su nacimiento. Desde joven dibujaba y pintaba miniaturas. Junto con su hermano Benedicto entró en los dominicos observantes, es decir, los frailes de disciplina más estricta, en el convento de San Domenico de Fiésole, cerca de Florencia. Tampoco es seguro el año de su ingreso: Juan Pablo II indicó el año 1420. En la Orden tomó el nombre de Juan, hizo la profesión y fue ordenado sacerdote.
En Fiésole fue vicario y prior del convento. Entre sus primeras obras están la «Anunciación» de Cortona y la «Coronación de la Virgen» de Fiésole. Giorgio Vasari, que escribió su vida casi cien años después, refirió que fray Juan nunca empezaba a pintar sin haber orado y solía repetir que quien hace las obras de Cristo debe permanecer siempre junto a Cristo.
De 1438 a 1445 vivió en el convento de San Marcos de Florencia, donde era prior san Antonino, más tarde arzobispo de la ciudad. Desempeñó allí el oficio de ecónomo y al mismo tiempo adornó con pinturas las celdas de los frailes, la sala capitular, los corredores y el claustro, y pintó el retablo para el altar de la iglesia. Estos frescos son como una catequesis en imágenes y llevan a meditar la pasión y la muerte de Cristo.
En 1445 el papa Eugenio IV lo llamó a Roma y le encargó pinturas en la basílica de San Pedro y en el Palacio Vaticano. Como recordó Juan Pablo II, en 1446 el papa quiso confiarle el arzobispado de Florencia. Fray Juan lo rechazó humildemente y aconsejó que se diera esa dignidad a Antonino. El papa siguiente, Nicolás V, le mandó en 1447 decorar su capilla privada con frescos de la vida de san Esteban y de san Lorenzo.
En 1454 regresó a Roma. Murió el 18 de febrero de 1455 en el convento anexo a la iglesia de Santa Maria sopra Minerva, y allí fue sepultado. La inscripción de su tumba lo llama verdadero siervo de Dios. Debe el sobrenombre de «Angélico» a la rectitud de su vida y a la belleza de sus pinturas, y durante siglos los fieles lo llamaron beato.
En 1955, en el quinto centenario de su muerte, Pío XII lo llamó santo religioso y gran artista. Con la carta apostólica «Qui res Christi gerit», del 3 de octubre de 1982, Juan Pablo II permitió su culto litúrgico con el título de beato, lo que equivale a la beatificación. El 18 de febrero de 1984, durante la misa en la basílica donde se encuentra su tumba, lo proclamó patrono de los artistas, especialmente de los pintores. Dijo entonces que en él la fe se hizo cultura y el arte oración.