
Beato Enrique Suso
Sacerdote · † 1366
Presbítero, dominico, místico renano, discípulo del Maestro Eckhart
El beato Enrique Suso fue un dominico alemán, presbítero, predicador y místico. Fue discípulo del Maestro Eckhart, y su «Libro de la Sabiduría Eterna» estuvo entre los libros de devoción más leídos de la Baja Edad Media. La Iglesia lo recuerda el 25 de enero.
Nació un 21 de marzo en Constanza o en la cercana Überlingen. El año de su nacimiento no se conoce con certeza: suele indicarse 1295 o 1297. Su padre procedía de la noble familia von Berg y su madre de la familia Sus, y fue del apellido de ella de donde Enrique tomó el nombre con el que se le conoce. A los trece años ingresó en el convento de los dominicos de Constanza.
A los dieciocho años vivió una conversión interior y desde entonces se llamó a sí mismo siervo de la Sabiduría Eterna, en la que reconocía a Cristo. La «Vida», puesta por escrito con la colaboración de la dominica Elsbeth Stagel, del monasterio de Töss, habla de duras mortificaciones y cuenta que se grabó en el pecho el monograma del nombre de Jesús. A juicio de los estudiosos, es en parte una obra literaria, por lo que sus detalles deben tomarse con cautela. Hacia los cuarenta años Enrique abandonó las penitencias exteriores, al comprender que Dios esperaba de él que soportara con paciencia las adversidades.
La Orden lo envió a estudiar a Colonia, donde en la década de 1320 fue discípulo del Maestro Eckhart. A su regreso enseñó en su convento de origen como lector. En el «Libro de la Verdad» defendió la recta comprensión de la doctrina de su maestro, acusado entonces de errores. En un capítulo de la Orden celebrado en los Países Bajos también él fue acusado de herejía. No fue condenado, pero perdió el oficio de lector. Junto con Eckhart y Juan Taulero se le cuenta entre los místicos renanos más importantes.
Hacia 1330 nació el «Libro de la Sabiduría Eterna», un diálogo entre el Siervo y la Sabiduría que lleva al lector a meditar la pasión de Cristo. Unos años más tarde Enrique lo reelaboró en latín con el título «Horologium Sapientiae». Durante muchos años predicó a lo largo del Alto Rin, en Suiza y en Alsacia, y cuidó de modo especial de los monasterios de dominicas.
Cuando, en el conflicto entre el papa y el emperador Luis de Baviera, cayó sobre Constanza el entredicho, los dominicos, fieles al papa, vivieron varios años en el exilio en Diessenhofen. Hacia 1343 Enrique fue elegido prior. Una mujer le atribuyó falsamente la paternidad de su hijo, pero quedó libre de la acusación. Hacia 1348 fue trasladado a Ulm, donde en los años 1362 y 1363 reunió sus escritos alemanes en un conjunto llamado «Exemplar».
Murió en Ulm el 25 de enero de 1366 y fue sepultado en la iglesia de los dominicos de esa ciudad. Su culto fue confirmado en 1831 por el papa Gregorio XVI, lo que equivale a la beatificación. El Martirologio Romano lo recuerda como presbítero de la Orden de Predicadores, que soportó pacientemente innumerables contratiempos y enfermedades, compuso el tratado sobre la Sabiduría Eterna y predicó sin cesar el dulcísimo nombre de Jesús.