Beato Enrique de Bolzano
Laico · † 1315
Laico, pobre jornalero en Treviso, penitente
El beato Enrique de Bolzano fue un trabajador pobre y analfabeto que se estableció en Treviso, en el norte de Italia. Se dio a conocer por su oración, su penitencia y su amor a los pobres. La Iglesia lo recuerda el 10 de junio.
Nació en Bolzano hacia 1250; no se conoce la fecha exacta de su nacimiento. No sabía leer ni escribir. Se ganaba la vida con un duro trabajo manual como jornalero, y en Treviso, como dejó escrito Giovanni Boccaccio en el Decamerón, cargaba bultos a cambio de un pago para quien se lo pidiera. No se sabe cuándo ni por qué dejó su ciudad natal. Según un relato, se quedó en Treviso al volver de una peregrinación a Roma.
Llegó allí con su esposa y su hijo, que murieron antes que él. Ya viudo, Enrique vivió solo en un cuartito estrecho que un notario puso a su disposición. Cada día visitaba todas las iglesias de la ciudad y participaba con gusto en la santa misa. Llevaba una vida de penitencia: dormía sobre un lecho duro, vestía una ropa áspera y pasaba largas horas de la noche en oración.
El Martirologio Romano recuerda que daba a los pobres todo lo que tenía. Cuando le faltaron las fuerzas, él mismo pidió limosna, y lo que recibía lo compartía con los demás mendigos. En los últimos años de su vida vivió en extrema pobreza.
Murió solo en su cuartito el 10 de junio de 1315. Según la tradición, en el momento de su muerte las campanas de Treviso empezaron a sonar solas, sin que nadie las tocara. Los habitantes decían que había muerto un santo y acudieron en masa a su funeral, y su cuerpo fue depositado en la catedral. Durante mucho tiempo llegaron peregrinos a su sepulcro desde muchas ciudades del norte de Italia.
Una comisión nombrada por el obispo recogió los relatos de testigos oculares sobre las gracias obtenidas por su intercesión. Se reunieron varios cientos, la mayoría sobre curaciones. Uno de los testigos fue el autor de la vida de Enrique, Pier Domenico da Baone, más tarde obispo de Treviso.
Benedicto XIV aprobó su culto en 1750. En 1759 una parte de sus reliquias fue trasladada solemnemente de Treviso a Bolzano, donde se veneran en la catedral, y la ciudad lo eligió como su patrono.