Beato Daniel Brottier
Sacerdote · 1876-1936
Presbítero, espiritano, misionero en Senegal, protector de los huérfanos de Auteuil
El beato Daniel Brottier fue un sacerdote francés de la Congregación del Espíritu Santo, misionero en Senegal, capellán de los soldados en el frente de la Primera Guerra Mundial y protector de huérfanos en París. La Iglesia lo recuerda el 28 de febrero.
Nació el 7 de septiembre de 1876 en La Ferté-Saint-Cyr, en la diócesis de Blois, en el centro de Francia. Fue ordenado sacerdote el 22 de octubre de 1899 y enseñó en el colegio de Pontlevoy, pero deseaba la vida religiosa y el trabajo misionero. En 1902 comenzó el noviciado con los espiritanos en Orly, cerca de París, y un año después emitió los votos religiosos.
Enseguida partió a Saint-Louis, en Senegal, entonces colonia francesa. En aquella parroquia le confiaron a los jóvenes: dirigió para ellos centros juveniles y fundó un coro y una banda de música. Sufría, sin embargo, fuertes dolores de cabeza. En 1906 se marchó para recibir tratamiento, y en 1911 tuvo que regresar a Francia definitivamente. Pensó entonces en la vida contemplativa, pero un tiempo de prueba en la abadía de las islas de Lérins lo convenció de que ese no era su camino.
Siguió sirviendo a África desde París. El obispo Jalabert, su antiguo superior en Saint-Louis, le encargó la obra del «Souvenir Africain», es decir, la colecta para construir la catedral de Dakar, concebida como memorial de quienes habían dado la vida en África. El padre Brottier trabajó por ella hasta verla terminada.
Cuando estalló la guerra en 1914, se ofreció voluntario como capellán. Pasó cuatro años con los soldados en primera línea, entre otros lugares en Verdún y en el Somme: retiraba a los heridos del campo de batalla, los consolaba y acompañaba a los moribundos. Él mismo nunca fue herido. Recibió la Cruz de Guerra y la Legión de Honor. El obispo Jalabert le confió más tarde que durante toda la guerra lo había encomendado a la protección de Teresa de Lisieux, y desde entonces el padre Brottier le tuvo una devoción especial. Después de la guerra nació por iniciativa suya la Unión Nacional de Combatientes, que debía mantener viva la fraternidad nacida en las trincheras.
En 1923, a petición del arzobispo de París, los espiritanos se hicieron cargo de la Obra de los Huérfanos Aprendices de Auteuil (Orphelins Apprentis d'Auteuil), fundada en 1866 por el sacerdote Louis Roussel. La dirección fue confiada al padre Brottier. La institución, cargada de deudas, atendía entonces a unos 170 muchachos, a quienes enseñaba un oficio. El nuevo director los encomendó a Teresa del Niño Jesús y construyó en Auteuil una capilla en su honor, consagrada en 1930. Buscaba incansablemente bienhechores y abría nuevas casas fuera de París. Cuando murió, la obra cuidaba ya de unos 1400 jóvenes.
En febrero de 1936 fue consagrada la catedral de Dakar, pero el padre Brottier, ya enfermo, no pudo viajar allí. Murió en París el 28 de febrero de 1936 y fue sepultado en la capilla de Santa Teresa de Auteuil. Juan Pablo II lo beatificó el 25 de noviembre de 1984 en la basílica de San Pedro. El Papa dijo entonces que el padre Brottier trabajaba como si todo dependiera de él, sabiendo a la vez que todo depende de Dios.