Beato Conrado de Piacenza
Ermitaño · † 1351
Ermitaño, terciario franciscano, patrono de Noto en Sicilia
El beato Conrado de Piacenza, de la familia Confalonieri, fue un noble italiano que, tras una desafortunada jornada de caza, perdió su fortuna, ingresó en la Tercera Orden de san Francisco y pasó el resto de su vida como ermitaño. Murió en Noto, en Sicilia, ciudad de la que es patrono. La Iglesia lo recuerda el 19 de febrero.
Nació en Piacenza, en una rica familia noble. El año de su nacimiento no se conoce con certeza: lo más frecuente es que se indique 1290, y algunos señalan 1284. De su juventud se sabe poco, y las antiguas vidas no siempre concuerdan entre sí. Según la tradición se casó joven, y su esposa se llamaba Eufrosina.
El momento decisivo fue una cacería. Conrado mandó prender fuego a la maleza para hacer salir la caza, y el viento llevó las llamas a los campos y edificios de los alrededores. Un hombre al que hallaron en las cercanías fue acusado de provocar el incendio y condenado a muerte. Entonces Conrado se presentó ante las autoridades de la ciudad y confesó que la culpa era suya. Salvó al inocente, y la reparación de los daños consumió su fortuna.
En lo sucedido vio una llamada de Dios. Según la tradición, los esposos se separaron de común acuerdo: su mujer ingresó en las clarisas, y él se unió a unos ermitaños que vivían según la regla de la Tercera Orden de san Francisco en Calendasco, cerca de Piacenza. Se indica para ello el año 1315. Más tarde fue como peregrino a Roma, y de allí a Sicilia.
Las fuentes difieren sobre cuándo llegó a Noto: unas hablan de treinta años pasados en aquella comarca, otras de una llegada solo a comienzos de la década de 1340. Al principio vivió en las celdas junto a la iglesia del Santo Crucifijo, al lado de otro ermitaño, Guillermo Buccheri. Cuando empezó a visitarlo demasiada gente, se trasladó a una gruta en el lugar llamado Pizzoni. Vivía con austeridad, en oración y penitencia, y al mismo tiempo ayudaba a los enfermos y a quienes le pedían su intercesión. El Martirologio Romano habla de casi cuarenta años de una vida así.
La tradición le atribuye muchas curaciones, sobre todo de enfermos de hernia, y por eso se le invoca hasta hoy contra este mal. Habla también del pan con el que, en tiempo de hambre, habría alimentado a los habitantes de Noto. Murió el 19 de febrero de 1351, según la tradición mientras oraba. Fue sepultado en la iglesia de San Nicolás de Noto, y sus reliquias reposan hoy en una urna de plata en la catedral de la ciudad.
El papa León X permitió en 1515 venerar a Conrado en Noto, Pablo III extendió este permiso a toda Sicilia, y Urbano VIII concedió en 1625 a los franciscanos celebrar su memoria con oficio y misa propios. No hubo canonización solemne. Por eso el Martirologio Romano lo llama beato, aunque en Noto, en Piacenza y en la familia franciscana se le venera desde hace siglos como san Conrado.