
Beato Cipriano Miguel Iwene Tansi
Sacerdote · 1903-1964
Presbítero, pastor de almas en Nigeria, monje trapense en Inglaterra
El beato Cipriano Miguel Iwene Tansi fue un sacerdote nigeriano del pueblo igbo y un párroco celoso, y después monje trapense en la abadía inglesa de Mount Saint Bernard. Es el primer beato de Nigeria. La Iglesia lo recuerda el 20 de enero, día de su muerte.
Nació en 1903 en la aldea de Igboezunu, cerca de Aguleri, en el sur de Nigeria. Sus padres, Tabansi y Ejikwevi, eran campesinos pobres y no eran cristianos. Pusieron a su hijo el nombre de Iwene y, cuando tenía seis años, lo enviaron con una tía a una aldea cristiana para que pudiera ir a la escuela. Allí el niño conoció la fe y en 1912 recibió el bautismo, en el que se le dio el nombre de Miguel.
En su juventud fue catequista y después maestro: enseñó en Aguleri y en Onitsha, y en 1923 asumió la dirección de la escuela de Aguleri. En 1925, animado por su párroco pero contra la voluntad de sus parientes, ingresó en el seminario de Igbariam. Fue ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1937 en la catedral de Onitsha por el obispo Charles Heerey.
Durante trece años trabajó en su diócesis natal: primero como vicario parroquial en Nnewi, después como párroco en las parroquias de Dunukofia, Akpu y Aguleri. Anunciaba la palabra de Dios, confesaba durante largas horas, preparaba a los jóvenes para el matrimonio y defendía la dignidad de la mujer, cuidando en especial la educación de las muchachas. Ayudaba a los pobres, a las viudas y a los alumnos necesitados, y visitaba a los enfermos y a los leprosos. Bautizó, entre otros, a Francis Arinze, el futuro cardenal, que estudió en una de sus escuelas. Sacaba su fuerza de la santa Misa y de largas horas de adoración del Santísimo Sacramento.
La oración y la lectura de los escritos del abad Columba Marmion despertaron en él el deseo de la vida monástica. El obispo Heerey, que esperaba implantar en África la vida contemplativa, consintió en su partida. En julio de 1950 el padre Tansi llegó a la abadía trapense de Mount Saint Bernard, en el condado de Leicestershire. En el monasterio tomó el nombre de Cipriano. En 1953 hizo sus primeros votos y en 1956 los votos solemnes. No pidió ningún alivio, aunque le resultaba difícil acostumbrarse a una lengua, una cultura y un clima extraños. Trabajaba en el taller de encuadernación, en el refectorio y en el campo, y no dejaba de orar por su pueblo.
Deseaba volver a África y ayudar a fundar allí un monasterio. Cuando la abadía emprendió una fundación en Camerún, fue designado maestro de novicios, pero no llegó a partir. En enero de 1964 enfermó de repente y el 20 de enero murió en un hospital de Leicester a causa de un aneurisma de aorta. Fue sepultado en la abadía, y en 1986 su cuerpo fue trasladado a Onitsha.
El proceso de beatificación se inició en la archidiócesis de Onitsha en 1986. Juan Pablo II proclamó beato al padre Cipriano el 22 de marzo de 1998 en Oba, cerca de Onitsha. En la homilía lo llamó hombre de Dios y hombre del pueblo, que siempre ponía a los demás por delante de sí mismo, y exhortó a llevar, siguiendo su ejemplo, la reconciliación con Dios y entre los hombres.